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La primera vez frente a un micrófono

Updated: 24 minutes ago

Foto Montaje Gabriel Posada Gálvis.
Foto Montaje Gabriel Posada Gálvis.

En todo lo que hacemos en nuestra vida siempre existe una primera vez. Algunas de estas experiencias tienen mayor grado de recordación que otras. A lo mejor, todo depende con la intensidad como estas se hayan vivido y el efecto que hayan dejado en nuestras vidas. La radio, no es la excepción y todos los que hemos querido ser parte de este campo de las comunicaciones hemos tenido esa experiencia de enfrentarnos por primera vez frente a un micrófono.

 

En esta ocasión ocho locutores: Ernesto Rojas, Armando Plata Camacho, Fabio Becerra Ruiz, Gabriel Posada Gálvis, Alonso Arcila, Ruben Arcila, Donnie Miranda y Oscar Tito López, nos cuentan los pormenores que ocurrieron cuando tuvieron su primera experiencia de enfrentarse a un micrófono.

 

Seguramente, usted también tiene la suya.   

 

 

 

Por: Germán Posada


 

Ernesto Rojas: "La primera persona que me abrió el micrófono fue un locutor de noticias famoso por ser tener un estilo muy propio y me refiero a Jaime Padrón Fernández. Pero mi comienzo realmente en radio fue en Horizonte, Emisora colombiana, en agosto de 1963, al lado de uno de los más famosos locutores hípicos y de noticias de televisión de Colombia, don Santiago Munevar Silva. Salvador Pantoja, un famoso operador de audio era quien estaba de turno en aquel momento. Ese primer día rodeado de estrellas como Milton Rodríguez Pelayo, Guillermo Castellanos Díaz, Jorge Real Paris "Tripudio", Cecilia de Ibañez, el miedo fue terrible, pero lo superé gracias al estimulo de mi querido e inolvidable maestro Santiago Munevar Silva." 


 

Armando Plata Camacho: "Mi primera experiencia frente al micrófono fue algo traumática. Fue en la Universidad Javeriana, clase de radio con Monseñor Rafael Valserra, en los estudios de Radio Sutatenza en el año 1967. Los estudiantes teníamos que decir algo frente a un micrófono y yo entre al estudio y me puse colorado, muy colorado. Sudaba, estaba muy nervioso. Me daba una vergüenza terrible. Leí algo que me entregaron, pero para ser honesto, no sé qué hice, no se que dije, no sé cómo lo hice y para rematar me impactó que cuando salí todos me aplaudieron y el padre me dijo que tenía una voz muy bonita. Yo no podía creer que lo que me estaban diciendo era cierto. Yo llegué a pensar que había sido por cortesía o porque a todos nos quería reafirmar nuestro talento. Fue como un momento de mucho dolor, de incomodidad. El hecho es que ese momento pasó y quedó marcado en mi vida y quizás a partir de ahí comencé a buscar el reconocimiento."

 


Rubén Darío Arcila: "La primera vez en un ambiente ya profesional, en una emisora grande fue en La Voz del Rio Grande como 'bolista' en los capítulos de la Ley contra el Hampa. Era interpretando y hay que ensayar antes, uno se pone nervioso sobre todo porque al principio uno quiere engolar la voz y eso no lo admite el director por lo que insiste que uno tiene que hablar con la voz natural. Pero en el afán de impresionar al público, de lograr ser contratado uno hace todo lo contrario. En esos espacios en donde uno es corregido hay nervioso porque esa impostación debe desaparecer"

 


Fabio Becerra Ruiz: "Era casi un niño, en el Colegio Salesiano de Duitama, y un cura Salesiano nos pidió leyéramos en clase, un pequeño texto para seleccionar el que mejor lo hiciera, y leer un poema días después en una reunión de padres de familia. Me seleccionaron, y el día que tuve que leer dicho texto ante muchos padres de familia, era tal el susto, que creí me iba a mojar los pantalones..Finalmente leí con titubeos, pero me aplaudieron, y enterados en casa, una tía me puso a leer El Tiempo ante ella y sus empleadas de una panadería que tenía, y desde entonces me quedó gustando hablar en público, por lo cual de 17 años con mi primer empleo en Bogotá, en la Emisora Nuevo Continente 1460 kilociclos AM, llegué a vivir de mi voz,  y ya era casi un experto, por lo cual no sentí absolutamente nada la primera vez que hablé por radio, excepto el reclamo de mi madre, que no escuchaba su apellido, por lo cual decidí recalcar el Ruiiiiz." 

 

 

Alonso Arcila: "Yo ya era locutor en el pasaje comercial Carabobo en Medellín, pero mi entrada a la radio fue como operador de audio el 1 de diciembre de 1970 en la Emisora Radio YA de Todelar 1470. A los 20 días de haber ingresado a la radio me dieron la oportunidad para hacer un turno de locutor al medio día y recuerdo que yo estaba muy entusiasmado y le transmití la noticia a mi familia y a los colegas del pasaje comercial. La verdad es que no me asusté porque ya tenía experiencia por mi trabajo en el centro comercial. Era más la emoción de hacer locución por primera vez en una emisora. Esa prueba no la pasé. Nunca me dijeron el por qué, pero yo supongo que era la inexperiencia como locutor de radio. Me imagino que daba la hora de manera 'cantadita', a lo mejor queriéndome aliñar. Creo que todo incidió en el mal manejo del tono o del estilo. Pasados unos meses me dieron una segunda oportunidad y en esa ocasión si la aproveché. Realmente no era tan difícil. Mi trabajo se basaba en anunciar el título de la canción, el nombre del interprete y dar la hora. El típico locutor relojero. Un caso muy distinto fue cuando Jorge Eliecer Campuzano me invitó a ser su locutor comercial en un partido del Nacional en la ciudad de Armenia. Esa era una oportunidad muy grande estar al lado del locutor estrella de la sintonía en aquel momento en Medellín. Cuando llegamos a Armenia a mi me dio daño d estómago. Literalmente lo que me dio fue diarrea y la garganta se me atrofió. Eso fue muy bravo. Ese fue mi primer susto más grande que he pasado en radio, pero pese al susto pude trabajar". 

                    

 

Gabriel Posada Gálvis: "Mi historia, como la de muchos, comenzó con un cassette. En ese cassette grabamos un demo, mis dos buenos amigos del colegio en 1987, Alejandro Espinosa y Edward Escobar, un americano que llegó a estudiar con nosotros en el INEM de Manizales. Digamos que otro cassette, entre ese momento de ensayos y realidades, fue uno que llevé a una emisora de Todelar y me permitieron salir al aire a desarrollar el contenido de una propuesta que yo hacía, que era muy sencilla y que consistía en desglosar las canciones que traía un remix de rock and roll llamado Swing the Mood. No sé si de pronto lo recuerdas, Germán. Se trataba de una canción muy feliz que compilaba como 10 canciones de la era del rock and roll y yo conté en esa oportunidad que me dijeron cuáles eran esas 10 canciones y quiénes eran los intérpretes. Pero mi momento de verdad, como se dice en el mercadeo, mi rock and roll, mi primera vueltica al aire en FM fue en Veracruz Estéreo. Habíamos llegado a conformar el equipo. Yo llegué después de que echaron al primero de ese equipo, a hacer un reemplazo y los muchachos Mauricio Pérez y Joaquín Pérez, habían pensado que lo más saludable era hacer unos talleres previos a poner a los disc jockeys al aire. Yo fui uno de los más juiciosos en el taller. Claro, había ensayado todas esas influencias que traía de otra radio que no se hacía en el alcance geográfico de donde yo vivía en Manizales. Yo lo que tenía en la mente era a Shadow Stevens, a los DJs de Nueva York, a Casey Kasem, a Elvis Duran, la velocidad, el ritmo, la cadencia. Esa manera de pronunciar el inglés natural para ellos, pero un tanto forzado para nosotros. Eso era lo que yo tenía en mente. Y entonces, después de pasar la aprobación de aquellos talleres en donde simplemente nos ponían a improvisar en la cabina y nos grababan para después escucharnos. Con el tiempo entendí que eso era realmente una clínica de audio y dijeron, bueno, estamos listos para arrancar. Del equipo de seis pueden hablar dos, Gabriel y Felipe Arias. Felipe Arias, precisamente periodista de RCN actualmente. Y bueno, llegó la hora de ese fin de semana de salir al aire. Recuerdo que la única manera de uno salir al aire en esos tiempos de mística de radio era simplemente dando la hora. No te permitían otra cosa más que dar la hora. Pero esos 10 o 15 segundos de dar la hora, que creo que es mucho, se notaba el nerviosismo y se notaba el impacto de la voz. En fin, muchas cosas se alcanzaban uno a leer ahí. Al aire, un viernes, por la noche, en Veracruz Estéreo, Manizales, debutó Gabriel Posada, presentando la música, hablando de los artistas, muy breve, usando los intros de la radio, entendiendo que esa música era como las olas y el DJ un surfista que tenía que hacer arte con ese equilibrio. Lo que yo más anhelaba en ese momento crítico al aire era convertirme en Tito López o Donny Miranda, pero no iba a pasar ese milagro. Entonces tenía que convertirme en mi mismo. Y ahí empecé a ser consciente de que tenía que crear mi propia marca. Muy, muy asustador, pero no fue estrés. Fue emocionante. Como dice un técnico de fútbol, tensionadito bacano. Y creo que ese tensionadito nunca se fue. Yo siento la misma emoción y el mismo respeto por el micrófono. Por lo mismo, critico tanta falta de mística con la gente que ponen al aire, simplemente que llega y cruza la puerta. En mis tiempos, para uno tocar la consola, para sentarse al frente de ella, también debía pasar varias pruebas considerables y mucho más para prender un micrófono. Creo que cuando uno le pierde el miedo al micrófono, también le pierde el miedo a equivocarse y le pierde el respeto al medio como tal. Esa fue mi primera vez y ahí me quedé siendo DJ. Después entendí todo lo demás que se podía hacer en la radio. Cuentan que, a Howard Stern, cuando comenzaba, le ofrecieron que se pasara para el área administrativa, que era más cómodo, que lo único que tenía que hacer era cumplir horarios y echar gente. Yo creo que yo nunca hubiera encajado en un área administrativa".

 

 

Tito López:  Desde que tengo memoria, siempre estuve cerca de un micrófono.

Aunque mi abuelo materno aprendió a reparar radios para subsistir económicamente después de la I Guerra Mundial; aunque un hermano de mi mamá construía y reparaba transmisores de radio para diferentes emisoras en Colombia; aunque un hermano de mi papá fue locutor de La Voz de Antioquia y aunque mi hermano Juancho hiciera programas de radio en los años 60, ninguno de ellos me involucró en el mundo de la radio. Muchas de estas cosas las vine a descubrir hace poco, menos de 10 años atrás.

Pero es que, al parecer, la radio venía en nuestras venas, así que no hacía falta que me obligaran a hacerla…

Y cuando digo que “desde que tengo memoria”, me refiero más bien a que, cuando solo tenía 3 o 4 años, mi papá trajo de México una grabadora de carrete abierto que se ganó en un concurso de ventas. La grabadora se convirtió en un juguete y mis hermanos mayores la usaban para grabar tonterías, y una de ellas era que me ponían a cantar el jingle de un jabón de manos muy popular en esa época: “Lux, el jabón de las estrellas”.

Sabiendo que apenas estaba aprendiendo a hablar, mis hermanos gozaban escuchándome balbucear ese jingle con mi lenguaje de niño lengüisopa: “Lus, Lus, Lus, jaón de as estellas. Lus, Lus, Lus, tan dinda como ellas”.

Pero ellos no eran los únicos que lo disfrutaban. Yo era feliz escuchándome en esa grabadora y quería seguir cantando frente al micrófono.

Más adelante, ya como adolescente, dos de mis hermanos mayores conformaban en Medellín el grupo de rock Los Yetis. Uno de sus integrantes era Norman Smith, un vecino que también tenía una grabadora de cinta magnetofónica similar a la nuestra.

Michael, su hermano menor, era muy amigo mío y de Donnie Miranda, y nos reuníamos en su casa a grabar noticieros ficticios que hablaban de chismes del barrio por una emisora imaginaria llamada Radio PQEK. Allí, Donnie hacía sus comentarios deportivos y pasábamos horas divirtiéndonos con esas grabaciones.

Pero todo empezó a cuajar cuando mi mamá trajo de Estados Unidos una grabadora de casetes en 1969. Era pequeña y portátil. No tenía radio, pero sí tenía un pequeño micrófono, porque esos aparatos fueron usados, inicialmente, para que los ejecutivos hicieran dictados a sus secretarias, quienes luego transcribían el texto a sus cartas, actas y memorandos.

Sin embargo, yo, igual que mucho otros, le daba un uso diferente: se convirtió en mi laboratorio de experimentos de grabación de audio, lo que me llevó más tarde a construir una emisora de AM experimental que a su vez me obligó a grabar programas, porque no tenía un estudio ni unos equipos para transmitir música y locución en vivo.

Y todo esto lo hacía con esos equipos caseros y miles de conexiones extrañas que yo me inventaba.

Y tal como lo he contado en varias ocasiones, uno de esos programas terminó siendo transmitido por una emisora de verdad, en AM: Emisoras El Poblado, 1.560 kHz.

Hasta ese momento, yo nunca había salido al aire en vivo. Todo había sido grabado. Y llegó el momento.

Por esos días yo acababa de cumplir 21 años y Donnie 18, y el gerente de la emisora sería, si mucho, 2 o 3 años mayor que yo. Y a ese gerente, un bogotano que nunca había hecho locución en vivo, luego de ver que cualquier pelagatos como nosotros podía hacer un programa de radio, tuvo la maravillosa idea de hacer un experimento al aire y en directo.

Nos dijo, en su típico acento rolo gomelo de la época: “Tito: tú dices ‘Emisoras El Poblado’. Luego Donnie dice: ‘1.560 kilohertz’ y yo cierro diciendo: ‘¡Espectacular!’. ¿Listos?”

Y así fue: ese día de agosto de 1975 nos metimos en la improvisada cabina de locución. Esperamos a que se acabara la canción que estaba sonando y llegó el momento. La luz roja se encendió y hablé en vivo por primera vez en mi vida, igual que Donnie y Carlos Gómez.

De esta manera, y tal como lo habíamos planeado, se escucharon nuestras voces diciendo: “Emisoras El Poblado, 1.560 kilohertz. ¡Espectacular!”.

El único problema es que al operador se le olvidó cerrar el micrófono y, luego de nuestra locución, el gerente, muy emocionado, dijo: “Huy, ¡salió del putas, marica!…”

 


Donnie Miranda: "La primera vez fue desde mi casa. Mientras Tito López grababa un programa me hizo hacer locución, cosa que uno se sentía muy nervioso ya que nunca lo había hecho. Ya oficialmente en una emisora, Tito me escribía absolutamente todo para que yo leyera porque yo no sabía que decir. Tito manejaba la consola y también hacía locución, mientras que yo tampoco manejaba la consola. Cuando estaba en cabina hasta me quitaba la camisa del sudor que me daba por el nerviosismo y trataba de manejar la situación con el micrófono en una mano y el papel que me entregaba Tito en la otra. Más adelante Tito ya no quiso seguir escribiendo y me dijo que me lanzara a hablar como me saliera. Yo recuerdo que del susto cerraba mis ojos muy duro y trataba de recordar la información que tenía que decir al aire. De esa manera fui cogiendo tips para hacerlo mejor y comencé a soltarme. Eso al principio era muy horrible. Además, prefería estar en la cabina que manejar la consola para lo cual era también muy nervioso"

        




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Germán Posada es natural de la ciudad de Medellín (Antioquia). Estudió Locución para Radio y Televisión en el Instituto Metropolitano de Educación (I.M.E). 
  
En Medellín colaboró en el programa Buenos Días Antioquia transmitido por la Cadena Colmundo Radio y participó en la animación y programación del programa Mirador Comunitario a través del Sistema Radial K (Armony Records). Ambos bajo la conducción y dirección del Periodista antioqueño Carlos Ariel Espejo Marín (q.e.p.d). 

 

Desde el 2001 reside en la ciudad de Montreal en donde ha participado en la realización y animación de los programas radiales Escuchando América Latina  (CKUT 90.3 FM), Onda Latina (CFMB 1280 am) y La Cantina (CFMB 1280). 
  

 

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