Ernesto Rojas: “La radio siempre fue mi eterna novia”


Ernesto Rojas. Foto Archivo Personal.




Luego de haber trabajado en el maravilloso mundo de la radio por más de medio siglo y de haber sido también profesor, el reconocido locutor, Ernesto Rojas, disfruta actualmente de su merecido retiro hace tres años y de la docencia hace dos.


Simpático, respetuoso y muy cortés, se mostró siempre dispuesto a compartir conmigo unos buenos minutos sobre su recorrido en la radio colombiana pero además me sorprendió cuando me contó que su experiencia lo llevó a desarrollar proyectos profesionales en el exterior.


Para Ernesto Rojas la educación y la cultura son dos pilares fundamentales en la profesión de un locutor y aunque entiende que son otros tiempos y que la radio actual vive las transformaciones tecnológicas, añora con nostalgia aquella radio culta, educada y creativa que lo deslumbró siendo un niño y en la cual sin imaginárselo alcanzaría gran reconocimiento en la historia de la radio colombiana.


Con la tranquilidad y la satisfacción que dejan el deber cumplido, este hombre de radio pero además cinéfilo empedernido, disfruta a plenitud su vida y confía que en un futuro, la radio como la televisión y la prensa, volverán a ocupar el sitial que les corresponde.



Por: Germán Posada



¿Cómo le mostró la vida que lo suyo eran las comunicaciones?


E.R.: La radio siempre fue para los niños de los años cuarenta un juguete de entretención porque era algo como después fue la televisión, una cajita mágica. En mi casa paterna afortunadamente había un radio Telefunken de varias bandas que precisamente era uno de mis juguetes favoritos con el cual yo sintonizaba emisoras del exterior en la famosa banda corta que luego fue desapareciendo.

Ahí encontré el encanto de la radio, luego entre mi infancia y mi adolescencia llegó un certamen al país que marcó el desarrollo definitivo de la radio que fue la vuelta a Colombia en bicicleta, yo me entretenía imitando a los narradores de ciclismo como a Carlos Arturo Rueda y Pastor Londoño. Mi padre me llevaba a ver funciones en los radio teatros especialmente a Emisoras Nueva Granada que era la emisora más potente de la época en 1950 y la primera que después formó RCN, que transmitió la vuelta a Colombia en bicicleta.

Mi mamá me enseñó a leer desde los cuatro años. Luego más crecido estaba estudiando Derecho y alguna vez en la clase de Humanidades el profesor Dr. Jaramillo estaba disfónico e invitó a uno de los alumnos para que leyera una parte de la Odisea y todos pidieron que fuera yo. Al final de la clase me dijo que yo tenía una buena voz y que leía muy bien y me sugirió hacer un curso de locución o de canto y al mismo tiempo me decía que sería un magnífico orador. Efectivamente lo hice en el Colegio Superior de Telecomunicaciones del que a la postre fui profesor durante 50 años. Fue así como resulté trabajando en radio inicialmente en Emisoras Horizonte Emisora colombiana, luego pasé a Caracol y a las grandes cadenas de radio. Esa es en síntesis la huella de mi comienzo en el mundo maravilloso de la comunicación.


Usted ha manifestado que llegó a la docencia por accidente pero al parecer le gusta mucho. ¿Qué es lo que más le agrada de enseñar?


E.R.: Yo afortunadamente me eduqué en un colegio de los buenos de Colombia con los Padres Salesianos. La educación con ellos era muy severa y muy exigente y yo me distinguía entre mis compañeros y siempre me gustó el campo de las sociales, la geografía, la historia y la educación cívica, a tal punto que ganaba muy buenos premios. Alguna vez estaba cursando cuarto año de bachillerato y un sobrino de uno de mis amigos de la época perdió historia y me tocó improvisar con él como profesor de esta materia y le fue muy bien en la famosa habilitación. Desde ese momento me comenzó a apasionarme la enseñanza y se me facilitaba por la influencia de Los Salesianos que son unos magníficos educadores.


Ángela Patricia Janiot fue alumna suya y la imagen que ella le dio en el exterior al periodismo colombiano fue de excelencia. ¿Qué sentimiento produce en usted haber sido su profesor?


E.R.: De ella y de otros más que se han destacado tanto en radio y televisión a nivel nacional e internacional. Esto da un sentimiento indescriptible. Ver a alguien en la televisión que fue alumno de uno, oírlo en la radio, eso le paga a uno con creces a veces la amarga misión del educador porque también son muchísimos los tragos amargos que se pasan cuando hay gente negligente, que no saben el valor del tiempo, el valor de la educación.


De los diferentes medios la radio es su preferida, ¿Por qué le gusta máskk?


E.R.: Por el mismo encanto que me produjo de niño. Y siempre la radio es algo que sigue siendo misteriosa. Infortunadamente la buena radio ha cedido el paso a otra radio diferente, de otras vivencias. Esa radio creativa que lo ponía a uno en contacto con la cultura, con la historia, con la música, con la imaginación, ha ido desapareciendo. Pero ese fantástico mundo de la imaginación fue lo que más me subyugó por parte de la radio.


Transpórtese a la época en la cual frecuentaba ‘El Automático’ y ¿Cuéntenos qué pasaba allí?


E.R.: El Automático era uno de los cafés intelectuales de Colombia. Ahí iban la mayoría de periodistas, escritores, caricaturistas de la época, de los sesentas en adelante. Afortunadamente yo empecé mi actividad radial en Emisoras Horizonte Emisora colombiana que quedaba pegada a este café.

Yo entraba a tomarme mi tinto y ahí me encontraba con los grandes bohemios, caricaturistas y periodistas que se tomaban sus vinitos y yo quedaba boquiabierto oyendo todas las cosas que hablaban, de tal suerte que yo no sé si aprendí más de periodismo y de locución ejerciendo el oficio que asistiendo a estas charlas de estos personajes que hicieron la comunicación en Colombia.

Afortunadamente El Automático todavía existe pero en otra dirección y sigue siendo un centro en donde se reúnen intelectuales pero no de la misma forma porque la dinámica de Bogotá con factores como la inseguridad hace que ya uno no entre con tranquilidad a un sitio de estos.


¿Para usted qué es lo que marca la diferencia del locutor de su época al locutor actual?


E.R.: El locutor de mi época iba paralelo con la educación y con la cultura de aquellos años que era muy buena, los colegios eran excelentes, hoy por hoy infortunadamente la calidad educativa de Colombia en todos los niveles, primaria, bachillerato y universidad ha descendido tremendamente, anda en unos niveles que da vergüenza internacional. En mi época venían muchachos del exterior inclusive de Norteamérica y Suramérica a estudiar el bachillerato y la universidad.

Eso ya no existe. Ahora son los colombianos los que salen a especializarse en el exterior. Han desaparecido materias fundamentales como la enseñanza de la historia, la geografía y la enseñanza del propio idioma. Hoy los jóvenes hablan una jerigonza que es un revuelto de inglés mal hablado y de castellano pesimamente hablado. Esa fama entre comillas de la cual gozó Colombia como país en donde se hablaba el mejor castellano del mundo, se terminó.


¿‘Historia de la Comunicación en Colombia’ es un hecho?


E.R.: Definitivamente abandoné esa tarea porque empezaron a aparecer otra serie de libros de personas más autorizadas y esto ya es como llover sobre mojado. Tal vez sería refrescar de pronto desde el punto de vista anecdótico pero realmente no me interesa mucho.

La falta de tiempo, quizás ayudó también para que se fuera muriendo en mí ese deseo de escribir la historia de la comunicación en Colombia. Todo esto requiere un arduo trabajo de investigación y francamente por decirlo de alguna manera no tuve tiempo ni recursos.


¿Por qué lo marcó la película de ‘La vida de San Vicente de Ferrer’?


E.R.: Yo fui muy aficionado al cine también y he visto cualquier cantidad de películas. Hubo un teatro que marcó una época cultural en Bogotá que después pasó a ser un teatro porno y que fue el Cine Coliseo. Ahí llegaban muchas películas francesas e italianas. Una vez llegó esta película que protagonizaba un gran actor español del cual no recuerdo su nombre. Me llamó la atención que la película únicamente transcurrió todo el tiempo en un dialogo entre él y una prostituta pero fue tal el manejo de cámaras, diálogos y las tomas del rostro del actor que eso me impactó a mi sobremanera. Infortunadamente esta película no duró en cartelera ni siquiera una semana.

Otras producciones americanas e italianas que me han gustado, entre otras, son: Ben-Hur, Quo Vadis, Los Diez Mandamientos, Espartaco, etc.

El cine mexicano era formidable. Recuerde que México no entró formalmente a la Segunda Guerra Mundial y mientras el cine de Estados Unidos se frenó, México tomo la batuta con una serie de producciones y surgieron actores que marcaron toda una época en la historia de la cinematografía mundial. Entre ellos: Arturo de Córdoba, Libertad Lamarque, Pedro Infante, Jorge Negrete, aquí en Colombia la empresa Bavaria patrocinaba gratis el cine mexicano en todos los pueblos y ciudades de Colombia para extirpar un mal terrible que era la afición desmedida por el consumo de la chicha que estaba causando un mal terrible a los colombianos. De ahí que aquí se ame tanto el folclor mexicano y que se hayan aprendido palabras y dichos del país azteca.


¿Es verdad que esa frase de ‘Santafesito lindo’ que hizo tan popular Pacheco es de su autoría?


E.R.: Esto es supremamente simpático. Resulta que yo por mucho tiempo fui el coordinador de deportes de Caracol y los domingos en la tarde se hacía la gran revista nacional del deporte y a mí me tocaba cantar o recantar los goles de todas las plazas cuando las emisoras se encadenaban, algunas por FM, otras por simple vía telefónica. Cuando jugaban Santa Fe y Millonarios fuera de Bogotá era lógico hacer mucho énfasis en sus goles. Yo siempre he sido hincha de Millonarios y cuando marcaba un gol lo cantaba con todo el regocijo del caso pero cuando era del Santa Fé, lo hacía con mucho desanimo, casi en voz baja.

El vice presidente de Caracol de aquella época, don Jesús Álvarez Botero, uno de los grandes hombres de la comunicación en Colombia, era hincha acérrimo de Santa Fe y Yamid Amat que estaba haciendo su ingreso a Caracol como director de noticias también era súper hincha de Santa Fe, ambos me llamaron la atención y me dijeron que si seguía en esa tónica tenían que tomar serias represalias contra mí. En efecto al domingo siguiente de haber recibido el memorando tan perentorio, jugaba Santa Fe con el Quindío y al marcar un gol Santa Fe, a mí se me salió decir con mucho entusiasmo Gol de Santafecito lindo del alma mía (jajaja). Así Yamid Amat y el Dr. Álvarez Botero quedaron contentos.

En esa época Fernando González Pacheco tenía un programa muy popular los domingos en la mañana que se llamaba Animalandia y en ese programa el aprovechaba para hablar de los pronósticos de su equipo cuando jugaba en la tarde. Luego en la noche tenía otro programa de Concurso en donde también se refería a su Santafecito lindo. La prensa también apoyaba al igual que Yamid Amat en sus comentarios o sea que fue una labor conjunta de Pacheco en la televisión, Yamid Amat y Ernesto Rojas en Caracol Radio y periódicos como El Tiempo, El Siglo y La República. Lógico que dada la popularidad de Pacheco que era el gran ídolo de la televisión, la gente le atribuyó aquella popular frase al distinguido y desaparecido y muy querido animador.


‘La Solidaridad está a punto de morir’ esta frase usted la dijo en algún momento refiriéndose al tema de la pandemia. ¿Por qué?


E.R.: Después de haber sido un país de gente buena, amable, entrañable, de gente que renunciaba al pan de sobra y se lo compartía con el vecino, esto ya no existe. Ahora pasa usted por encima de alguien que se está muriendo y literalmente le es indiferente, en ocasiones por miedo de que nos pase algo y otras por real indiferencia. No sé si es falta de religión, falta de principios, en fin, es un momento de graves crisis no solamente en Colombia sino en el mundo entero. Creo que lo único que nos interesa es el dinero y pasarla bien así los demás se frieguen. Esos sentimientos de caridad y solidaridad están pasando de moda y eso si que es triste.


La buena radio ha cedido el paso a otra radio diferente, de otras vivencias.

Ernesto Rojas, acompañado de su hijo Andrés y su nieto Jerónimo. Cortesía Andrés Rojas.



¿Por qué considera qué a la televisión colombiana le falta imaginación?


E.R.: En un principio la televisión en Colombia comenzó supremamente bien, de un nivel cultural bastante bueno. Con el transcurso de los años se fue comercializando y se fue volviendo facilista, llegaron los famosos culebrones, las famosas novelas de medio pelo de México, de Venezuela y de otros países y esto se convirtió en una especie de Corín Tellado de Televisión y un gran alimento para un sector que gustó de ella. La tecnología desde luego también ha incidido mucho en elevar los índices de audiencia pero en cuanto a producción de televisión era mucho mejor la incipiente televisión de antaño que era superada por la creatividad e inventiva.


La sociedad ya no escucha religiosamente radio como hace varias décadas atrás, hoy la tecnología ha cambiado mucho aquellos hábitos, pero la radio sigue vigente e importante. ¿Qué clase de programas por ejemplo harían tener una audiencia en masa en momentos actuales?


E.R.: Hubo una radionovela que marcó una época en la sintonía en Colombia que se llamó Kalimán y que transmitía Todelar. Ahora Radio Nacional la está retransmitiendo remasterizada con muy buenos resultados. Es rehacer esta clase de programas pero con un ropaje nuevo y muy dinámico.

Sin embargo la gente en ese aspecto está muy influenciada sobre todo por las redes sociales y el uso del celular. Si uno no tiene al alcance su celular se siente como huérfano y eso pasaba antes con la radio. Uno entraba al banco, por ejemplo, y todos estaban escuchando la vuelta a Colombia. Creo que la radio ha perdido un poquito su vigencia aún cuando matar a la radio es casi imposible porque la radio es definitivamente el gran escenario de la imaginación, matar a la radio sería también matar la imaginación.

Pero si se puede mejorar. Ahora existe el famoso Podcast que es un buen formato tanto en radio como en televisión pero algunas personas están abusando y no lo están haciendo muy bien. Además la radio actual tomó el rumbo de la noticia pero lo terrible de esto es que ya son las noticias por dar noticias, sin confirmar, y esto le ha quitado mucha seriedad a la información. Además están las falsas noticias de las redes sociales, todo eso complota en contra de los medios de comunicación, en radio, televisión y prensa.

En una entrevista leí algo muy interesante que usted dijo sobre la radio y el oyente refiriéndose a que ahora gracias a la tecnología la radio es más cálida y más interactiva con el oyente. ¿Ese por ejemplo era un punto a desfavor que tenía la radio clásica?


E.R.: Si, lógico. Uno era distante, no existía la tecnología. No existía la facilidad de sacar al oyente al aire como ahora. Para hacer esto antes había que pasar una serie de recursos que no existían en el medio. Esa calidez empezó en la medida en que fue avanzando la tecnología, cuando apareció el FM, las microondas, la radio por cable, etc. Todo esto acercó al oyente porque antes se limitaba tan sólo a sintonizar, a oír, nada más. Ahora oye pero también participa, pero todo esto se lo están llevando las redes sociales.


De hecho me he enterado que en algún momento se prohibían las sacadas al aire…


E.R.: Sobre todo en la época de la dictadura de Rojas Pinilla y luego con las emisoras piratas, el Ministerio formuló una serie de principios muy draconianos en los que usted tenía que curarse mucho en salud para decir algo. Hoy por hoy los locutores de radio dicen tranquilamente cualquier cantidad de groserías porque esa vigilancia del Ministerio ha cesado. Nos pasamos al otro extremo. En esto hay que aplicar aquello de que ni tanto que queme al santo ni tampoco que no lo alumbre. Ni tan, tan, ni muy, muy.

Hay que seguir el famoso adagio: la virtud está en el medio. Hay que ser equilibrados. Pero no hay que olvidar que nosotros los latinos somos supremamente emotivos y muchas veces la emotividad supera los límites de la razón y de la fría inteligencia.


¿Qué piensa de que el formato de lectura de noticias lo hayan desaparecido?


E.R.: Yo creo que abusamos de eso. Siempre hubo una gran rivalidad entre locutor y periodista y ahora hay una gran afinidad a tal punto que se confunde muchas veces el periodista con el locutor. Hay excelentes presentadores que son excelentes periodistas y locutores. Pero el locutor de noticias como tal ya desapareció podríamos decir que completamente. Tal vez la única emisora por lo menos en Bogotá que todavía se da el lujo de tener locutores de noticias es Melodía.

Al oyente le llegaba la noticia sin tanto comentario sin tanta tendencia. Tal cual, como lo enseñaron los que hicieron el famoso Reporter Esso que para mí ha sido el mejor noticiero que ha tenido nuestro país.

Exageramos. A veces divagamos, nos vamos más allá de lo que es ó acortamos lo que es. No se transmite el hecho real como debe ser con todo el rigor que debe tener la noticia. Con imparcialidad.


¿Yo sé que esta pregunta es comprometedora porque de momento se olvidan nombres pero podría mencionarme locutores que a su juicio fueron únicos en lecturas de noticias y como voces comerciales de su época?


E.R.: Como locutores de noticias para mí el primero de todas las épocas se llama Juan Clímaco Arbeláez, que inclusive murió leyendo un boletín noticias para América Latina en la BBC de Londres. Pero Colombia ha sido tierra de magníficos lectores de noticias. Eucario Bermúdez Ramírez, Eduardo Aponte, Gustavo Niño Mendoza, Edwin Paz García, Fabio Becerra Ruiz, tantos que se pueden contar en las dos manos y en los dos pies realmente.

Y locutores comerciales por ejemplo en transmisiones deportivas está el famoso Perdomo Ch. En cuñas comerciales hay que contar con Juan Harvey Caycedo, Otto Greiffestein, Alberto Cepeda Zubieta, Edwin Paz, etc.



¿Se perdió la magia de la radio ahora que la oímos y la vemos a través de una cámara?


E.R.: Si, y desde luego lo oculto siempre origina el encanto y el embrujo de lo desconocido. Pero de todas maneras la imaginación y la inteligencia del hombre son infinitas.

Tiene que haber un revolcón para que la radio vuelva otra vez a ocupar los sitios que le corresponden. La televisión vuelva a ocupar los sitios que le corresponden y a prensa ocupe los sitios que le corresponden. O simplemente integrarlo todo en un solo medio múltiple de comunicación en donde estén todos estos elementos de paso a la modernidad.


¿Cuál fue su experiencia en la radio de Ecuador?


E.R.: En 1968 fui uno de los fundadores de Radio Mambo una de las emisoras más potentes de la ciudad de Guayaquil. Fui contratado por el Grupo del Diario del Comercio, de la familia Pérez Castro que es una de las familias más poderosas en comunicación de este hermano país, allí permanecí un año.

Luego pasé a Lima con la misma compañía y después a Caracas y regresé a Caracol empresa que me había dado permiso para poder atender esta invitación de montar la programación de Radio Mambo.

¿Qué es la radio para Ernesto Rojas Ochoa?


E.R.: Espero no se ponga celosa mi esposa pero la radio siempre fue mi eterna novia.

Como anécdota le cuento que mi esposa fue locutora y alumna mía. Yo estaba empezando como profesor y un día llegó a clase una niña muy simpática y bonita y con el tiempo afianzamos nuestra relación.



Tiene que haber un revolcón para que la radio vuelva otra vez a ocupar los sitios que le corresponden.”

Ernesto Rojas en los Estudios de Comundo Radio con el equipo de Producción y Programación. (2011) Lo acompañan de izq-der: Andrés Leandro, Carlos Andrés García y Eduardo Molano,

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Germán Posada es natural de la ciudad de Medellín (Antioquia). Estudió Locución para Radio y Televisión en el Instituto Metropolitano de Educación (I.M.E). 
  
En Medellín colaboró en el programa Buenos Días Antioquia transmitido por la Cadena Colmundo Radio y participó en la animación y programación del programa Mirador Comunitario a través del Sistema Radial K (Armony Records). Ambos bajo la conducción y dirección del Periodista antioqueño Carlos Ariel Espejo Marín (q.e.p.d). 

 

Desde el 2001 reside en la ciudad de Montreal en donde ha participado en la realización y animación de los programas radiales Escuchando América Latina  (CKUT 90.3 FM), Onda Latina (CFMB 1280 am) y La Cantina (CFMB 1280).