Rubén Darío Arcila: “No conquistamos la luna, pero si el sol del verano en Francia”

Updated: Apr 14, 2020


Detrás de un gran hombre también hay grandes historias y este es sin duda el caso del reconocido hombre de radio, Rubén Darío Arcila, para muchos “El Poeta de la Radio” y quizás para una gran mayoría, simplemente “Rubencho”.

De aquel barrio popular de Medellín. Del famoso Manrique Central, se comenzó a gestar la colosal carrera de más de cinco décadas en la radio que lo han hecho inmenso y reconocido como el más prestigioso en la narración del ciclismo, no sólo en Colombia si no también en el exterior.

Desde mucho antes de aquella épica victoria de Lucho Herrera al ganar la Vuelta a España hasta la reciente hazaña de Egan Bernal al ganar por primera vez un Tour de Francia, “Rubencho” ha estado frente al micrófono acompañando a través de la magia de la radio a millones de aficionados que durante todos estos años se han deleitado del lenguaje exquisito y de las frases más elocuentes que solo un poeta como él, podría engalanar las múltiples escenas del mundo de las bielas.

Hoy en día posicionada Colombia en lo más alto de la élite mundial del ciclismo y prácticamente en el remate final de su carrera, Rubén Darío Arcila siente un inmenso regocijo al cumplir su sueño que -hasta ahora le había sido negado-, narrar por primera vez la victoria de un campeón colombiano en el Tour de Francia en donde su inspiración brotó la sublime frase : “No conquistamos la luna, pero si el sol del verano en Francia”.


Rubén Darío Arcila. Foto: Lucho Escobar



Por: Germán Posada



¿Desde muy joven supo que su vocación era ser locutor?

Si. Porque lo hacía en la calle del barrio tratando de imitar locutores y voces y luego comencé a ser también declamador en el colegio y todos me hablaban muy bien de mi voz. Después me inicié en la radio muy joven. A los dieciocho años yo ya estaba modulando.

¿Es verdad que narraba desde niño carreras en su barrio Manrique?

Así es. Narraba carreras de todo. Atletismo, partidos de fútbol, era un grupo muy agradable el que me tocó. Muy queridos todos, muy interesantes, a veces me los encuentro ya hechos unos profesionales. Alguien programaba carreras de atletismo, otro organizaba partidos de fútbol, eran varias familias y de cada una de ellas había por lo menos dos o tres genios y nos reuníamos y jugábamos de todo. Entre otras cosas había un par de árboles en la calle principal y yo me encaramaba en uno de ellos con un tarro que me daba mejor acústica y narraba partidos de fútbol y a los muchachos les gustaba y me animaban a seguir haciéndolo. También narraba ciclismo y hacía locución de todo un poco al aire libre en pleno barrio.


El Poeta de la Radio Colombiana. ¿Como se siente que la gente lo reconozca como tal?

Es un halago que me hace la gente pero debo respetar también que en este país del verso, de la poesía, de la métrica, hay otros genios muy grandes. Pero es muy querida la gente cuando me quieren determinar así.

De meterme en ese grupo por lo que a veces tengo momentos muy especiales de inspiración en donde se me ocurre decir algo, me salen frases bonitas, o tal vez lo tengo apuntado y hago uso de esto. A la gente le parece muy inspirador, muy poético. Es muy rico transmitir para un público que todos llevan un poeta clandestino. Este es un país de buena literatura, de buen verso, de frases bonitas, elegantes. Si uno trabaja, estudia y se prepara bien se puede lucir en cualquier momento.

¿Ese seudónimo nació de un periódico en Nicaragua o en Colombia?

Yo tengo el nombre del poeta Rubén Darío y eso parece que ya me marca de entrada.

Al parecer a todos los que nos bautizan así debemos tener algo de poético. Con este nombre hay calles, avenidas en Europa, un parque en Miami. Rubén Darío es un personaje espectacular. Dueño del poema Azul, entre otros.

Pero por lo general a mí la gente me dice “Rubencho” como personaje picaresco que los colombianos disfrutan y quieren mucho porque además es un poco mordaz, a veces le meto el picante del humor y otras me vuelvo serio y sentimental. Con “Rubencho” estoy en todos los estratos.

A propósito del “Poeta de la Radio” fue un bonito homenaje que me hicieron en Nicaragua. Rubén Darío es un personaje inmenso. Muchos nos pegamos a esa rueda y a esa sombra gigantesca del gran poeta nicaragüense. En resumen ese es un máximo elogio para mí que me pone “arrozudo”.


El Mejor Narrador de ciclismo en Colombia. Un honor que sólo usted tiene. ¿Qué considera fue lo que lo llevó a este sitial tan importante?

Yo fui creciendo en un ambiente muy farandulero en el que ya se han muerto en su gran mayoría grandes maestros y detrás de ellos aprendí muchas cosas. Aprendí de Alberto Piedrahita Pacheco, de Carlos Arturo Rueda C. a quién le hice un reportaje muy bonito donde el canta. El era boxeador en la ciudad de Manizales y por eso le decían el campeón. Carlos Arturo Rueda fue el primer referente que tuvimos todos los narradores del ciclismo colombiano.

Algunos expertos que me conocen desde hace mucho tiempo dicen que yo soy una mezcla de Carlos Arturo Rueda, de Pastor Londoño que tuvo en su mano El Campín por una época larga con Todelar y también algo del gracejo de Alberto Piedrahita Pacheco.

Entonces hay un coctel de voces ahí en donde yo he logrado asimilar un poco de cada uno. Mejor dicho, he bebido en muy buenas fuentes para defenderme y luego después de esa academia hice mi propio estilo y la gente sabe cuando estoy modulando o hablando de quién se trata. Me tienen prácticamente codificado.


El 15 de mayo de 1987 cuando Lucho Herrera ganó la Vuelta a España. ¿ Qué significó en su momento este triunfo para Colombia?

Así es, nos pusimos de moda por aquella época. Nos dieron Premio Ondas y Simón Bolívar, entre otros más. Ese fue uno de los días más felices. La gente siempre que habla conmigo me lleva allá, a ese 15 de mayo. Fiesta de San Isidro. Queríamos por fin conquistar España.

Habíamos jugado con un lenguaje de “La Conquis” personaje que nos inventamos. En la radio se pueden inventar muchas cosas. Con la imaginación de la gente se juega y se divierte. En esa oportunidad inventamos “La Conquis” que era supuestamente una dama muy hermosa que nos acompañaba vestida de amarillo y que todos los días amanecía más deslumbrante pero que nunca hablaba en el micrófono porque no era real.

Lo que trataba de simbolizar este personaje era el triunfo, la conquista que ya se acercaba de esta vuelta a España tan esquiva del 87. Pero antes de esa narración del paseo de La Castellana tuvimos también la llegada de Covadonga que fue en donde Lucho Herrera se puso por primera vez la camiseta amarilla, la de líder y yo narré con el famoso grito: “Llegó Colón…llegó Colón…llegó Colón….llegó Colombia”.

Estaba por cumplirse 500 años del descubrimiento de América y eso sonaba muy bueno de allá para acá (Jajajaja) era como invertir la historia y poner las carabelas llegando de América a España para conquistar España con los descendientes de los Muiscas, los Nutabes, de los Caribes, de todas nuestras tradiciones y raíces aborígenes.

A eso le pusimos ese saborcito y el último día recordamos las famosas frases como: “se ve llegar…se ve llegar…paso a la victoria”, “Herrera es una bandera desbocada” “corren los niños, bailan los cipreses”, “llega la alegría derrumbando montañas” que para mi representan un honor y un orgullo que me lo recuerden porque imagínate que ya han pasado 32 años y la gente lo tiene en su memoria como si hubiera pasado ayer y cuando yo vuelvo a oírlo también me siento como si el hecho fuera recién.


Maestro todos esos momentos de bohemia y otras cosas son ya parte del pasado. ¿ Qué lo ayudó a salirse de esta etapa en su vida?

Bueno. Yo también tuve veinte años como diría la famosa canción y los disfruté mucho. Creo que el hastío. Llega un momento en que uno encuentra las mismas conversaciones en la mesa. Ver el mismo círculo vicioso de las seis o seis y media de la tarde y se va tornando pesado sin ningún sentido.

Pero no debo ser desagradecido con esos momentos de bohemia donde aprendí muchas cosas. Me enseñaron muchísimo entre brindis y brindis. Yo tenía señores al frente que nacieron y vivieron los momentos dorados de la radio y todo me lo contaban y todo eso lo aprendí en aquella época. Hoy el estilo es muy diferente.

Las emisoras de antes tenían su propio cafetín diagonal o a la media cuadra donde se encontraban siempre para charlar porque todos los días había algo que celebrar. Cuando yo llegué una gran mayoría estaban cumpliendo su ciclo y poco a poco fueron muriendo. De esta manera me fui quedando solo en la mesa y me tocó “bajarme del bus” como dicen. Hice otra vida, nada de promesas, ni se hace cuanto, ni cuantos días, ni a qué hora, simplemente me fui alejando y mis amigos también fueron desapareciendo y perdí toda conexión. Cambié la vida totalmente a lo que yo quería. A la vida del campo. Lo que yo quería después de la madurez, de haberlo vivido todo. Fue retomar otro aire en la montaña. Por eso vivo en una vereda separado del ruido y ya poco a poco lejándome de lo mío que ya son como cincuenta años en la radio.

¿Por qué tituló su primer libro “El Ultimo apaga la luz”?

Porque ya quedan pocos. Porque todo tiene doble sentido. En el ciclismo por ejemplo el último que llegaba también apagaba la luz. En las épocas anteriores llegaban muy tarde en el Tour de Francia, llegaban de noche.

Al principio eran etapas de 400 kilómetros y se llegaba siete u ocho de la noche. Y en Francia a ese hombre que entraba muy tarde lo llamaban “el hombre de la linterna roja” y aquí en Colombia lo llamábamos “el hombre del farolito”. O sea al que le tocó apagar la luz. Así se interpretaba que era el colero dentro de la carrera.

En términos de la radio el libro tiene doble juego porque es una generación que prácticamente desapareció con Gabriel Muñoz López Solamente queda Pastor Londoño, Carlos Pinzón, dos o tres figuras de estas que estrenó la radio en Colombia y a la que nosotros le seguimos la bulla.

A esos personajes a los que nos quisimos parecer muchas veces pero que ya están terminando su ciclo y se están marchando.

El último de ellos apagará la luz de uno de los momentos más lindos del arranque, del empuje de la radio dorada cuando no existía la televisión y toda era a punta de imaginación de lo que transmitía ese aparato hermoso de madera que existía en la sala de la casa, que adornaba, que decoraba cualquier residencia y con un sonido espectacular.

Ese momento increíble lo vivieron unos personajes pero ya quedan muy pocos y por eso se va apagando la llamita, se va apagando la luz.

¿Cómo recuerda su época de radio actor?

Yo era my bueno. A mí me daban papeles de galán. En esos dramatizados de radio los colores de las voces son distintos para los roles que corresponden. Hay voces de cínico, malo, galán, galancete, etc. Yo me defendía bien en el estilo de galán y después fui narrador.

De allí viene algo de mi fundamentación como narrador de ciclismo. Narrar radionovelas es como llevar la cámara de la escena que corresponde. Eran radionovelas de aventuras y tenía que ponerle cierto tono de acción sobre un libreto que había que prepararlo y ensayarlo antes de ir al estudio de grabación.

Alrededor de mi había mucha gente buena a la que yo le aprendí muchísimo desde los grabadores hasta los directores.

“La Ley contra el Hampa” era un capítulo distinto para cada día porque era el hecho de la mañana. Del asalto al banco, del secuestro del menor. Era el hecho fresco y se dramatizaba. Se escribían libretos contra reloj. Si el atraco pasaba por ejemplo a las nueve de la mañana el libretista tenía que sentarse a hacerlo a cronómetro porque tenía que salir al aire a las doce y si no alcanzábamos a grabarlo teníamos que sacarlo al aire corriendo el riesgo de que el disparo no sonara donde tenía que sonar o la cortina entraba tarde, pero siempre salía perfecto. Eran muy profesionales.

Todo ese estrés, esa adrenalina era delicioso y se vivía intensamente todos los días. De pronto uno no pensaba en lo que iba a ganar, en lo que le pagaban y se iba dichoso a pie, caminando hasta la casa, con los bolsillos vacíos pero con el espíritu lleno de haber hecho un capitulo my bonito.

La presentación de “La Ley contra el Hampa” me la sé hasta de memoria: “Siguiendo los pasos a las personas honestas siempre hay un delincuente, pero entre estas y aquellas la justicia vigila implacable…la ley contra el hampa.”

“Esta profesión me permitió conocer el mundo”

Ruben Dario Arcila en una Vuelta a Guatemala