Andrés Salcedo: “Yo hubiera pagado para hacer lo que hago”

Updated: Mar 29, 2020

Tener la oportunidad de conversar con personalidades que han entregado una parte de sus vidas al ejercicio de comunicar y a hacer más grande esta profesión, es maravilloso. No tiene precio.

Una de estas personalidades es nada más y nada menos que el ilustre, Andrés Salcedo. De Don Andrés, habría que sacar un tiempo bastante largo para comprimir un vigoroso cúmulo de experiencias de vida durante su carrera profesional en los medios y que han dejado una huella única e inolvidable, en el corazón de todos aquellos que de alguna manera nos fascinamos y nos encantamos con el arte de hacer radio.

Muy agradecido con la persona que intercedió para este propósito, hoy puedo compartir con todos ustedes, una parte indeleble de la radiodifusión colombiana que también representó con creces a nuestro país en el exterior y que aún continúa vigente mostrando ese colosal talento que algún día en su infancia despertó en su ser, aquella cajita mágica de la radio.

Andrés Salcedo. Foto Archivo Personal.

Por: Germán Posada


G.P.: ¿Por qué regresó de nuevo a instalarse a Barranquilla?

A.S.: Hubo un cúmulo de factores que me empujaron de nuevo a Barranquilla. Bogotá, el lugar donde me había residenciado al volver de Alemania, cada día me parecía menos humana, al contrario de lo que decía una propaganda de algún político. También quería mostrarme en mi ciudad, que es donde menos había trabajado.

Pero están también esos factores que forman parte de la esfera más íntima. El deseo de volver a vivir rodeado de cosas que ya hoy en día, después de más de diez años de vivir aquí, se me han vuelto imprescindibles: el dolce far niente costeño, el “cógela suave” barranquillero. Y por supuesto, todo el cúmulo de colores, olores y sonidos del Caribe. El golpeteo en su platón con que el vendedor de butifarra anuncia su paso por nuestra calle. La vida, con un poquito menos de exigencias y menos problemas que en otras partes”.

G.P.:¿Cuánto tiempo disfrutó de su radio alemán Telefunken que recibió como regalo en su infancia?

A.S.: (Jajaja). Que lindos recuerdos. Era marca “Philco”. Lo que pasó es que poco después llegó el “Telefunken” de ojo mágico. Tenía algo dichoso ese ojo de los radios que llegaron a Colombia trayéndonos la nueva tecnología de la época. Se quedó atrás ese humilde radio “Philco” el cual acogió toda mi infancia. Ese radio era mi “Tótem”, mi Dios. Yo no salía de mi casa y cuando intenté hacerlo no me aceptaron “las barras”, yo era como -el patito feo de la cuadra- y me refugié en ese radio de lo que pasaba en mi casa que me costaba aceptar como la mía porque era de unos tíos a donde me enviaron con mi hermana menor al morir mi madre.

Por razones económicas nuestro padre no podía sostenernos. Yo crecí sólo, alejado de la familia. Vivía muy desde mis pensamientos, de mis deseos, de mi universo. Cuando llegó la radio descubrí que había un mundo afuera, otros idiomas, otras culturas también. Yo suponía que esas voces que escuchaba incluso en otros idiomas hablaban para mí sin imaginarme que en algún momento también estaría sentado en una de esas cabinas.

G.P.:¿Quién o quienes fueron su influencia más importante para querer hacer radio?

A.S.: Yo he tenido muchísimos modelos de mi época infantil, por ejemplo, las voces que me cautivaron y que me dijeron que algún día quería imitar. En esa lista están bien arriba, Marcos Pérez, locutor famosísimo que hubo en Barranquilla, narraba beisbol, leía noticias, fue el primer locutor del reporte Esso en Colombia. Marcos Pérez ganó un concurso que realizaron desde los Estados Unidos para leer este noticiero y él fue el elegido. Recuerdo a Juancho Illera Palacio, después lo conocí, fui su amigo, un hombre que si le quitabas el micrófono se convertía en un niño tímido y retraído pero que cuando lo tomaba se transformaba. Y así muchos otros locutores que yo admiré en mi infancia.

G.P.:¿La dificultad con su tartamudez pudiera ser comparada a esa fenomenal historia de la película “El Discurso del Rey”?

A.S.:¿Sabes que hay algo de eso? Es verdad. Uno de los recuerdos más duros de mi infancia fue cuando me llevaron a esa casa de mis tíos. Cuando empecé a crecer yo era el chico de los mandados. Recuerdo que la señora de la tienda, muy blanca y muy pecosa, de cabello blanco -imponente ella-, algún día la tienda estaba llena de gente y cuando llegó mi turno me dijo: “primero aprende a hablar y después vienes y pides las vainas”. Algo así. Yo salí derrotado y cabizbajo pero me dije que esto tenía que cambiar. Empecé a hacer cuanto ejercicio existía para mejorar pero es una cuestión emocional porque aún hoy me pasa en el terreno privado. Pero me ponen un micrófono y se me quita.

G.P.:¿Qué le dejó su paso en la radio antioqueña en 1960?

A.S.: Yo digo que hubo dos sitios en mi vida en donde llegué en avión pero también quise devolverme enseguida a mi casa. En Medellín y en Alemania. En el caso de Alemania estaba nevando cundo llegué y no me gustaban las caras de la gente. Fue un choque muy fuerte. En el caso de Medellín, también me parecía frio. Era como llegar al Polo Norte. Me mandaron a una pensión cerca de la emisora y también del edificio Cárdenas. El nombre del señor Jaime García Lobo, nunca se me olvida, como no se le ha olvidado a una generación de grandes locutores antioqueños. Recuerdo que me dijo: “Mira costeño, tu vas a abrir la emisora a las seis de la mañana, a las siete te vas y vuelves a las ocho y trabajas hasta las nueve”. Así me estuvo intercalando. Pero eso tenía un doble filo. Por un lado me estaba explotando (jajaja) pero por el otro me estaba enseñando el oficio. Todo esto me sirvió muchísimo pero era un trajín muy fuerte. Después me contrataron en “Radio Sinfonía” y luego en Caracol que me mandó a “Ecos de la Montaña” y luego a “La Voz de Antioquia”. En “Ecos de la Montaña” fui feliz. Allí aprendí lo que yo sé de esta vaina.

G.P.:¿Qué significó en su vida “Radio Guatapurí” en 1963?

A.S.:¡Huy! que lindo que me digas eso. Me has tocado una fibra muy sensible de mi vida profesional. Yo comencé poniendo discos en una emisora relojera de aquí de Barranquilla y luego me fui a Medellín y trabajé en sus emisoras históricas, Radio Nutibara, Ecos de la Montaña y La Voz de Antioquia, y volví a Barranquilla. Yo había aprendido mucho, me habían reconocido algunas cosas pero todavía no había despegado del todo y me contrataron en esa emisora que la estaban fundando. Ahí yo fui tan feliz por la simple razón de que creyeron en mí. Me dieron plena confianza. Allí, habían unos locutores y locutoras maravillosos. Gente que todavía estaban aprendiendo el oficio, que quizás sabían un poco menos que yo y entre todos aprendimos y armamos un equipo lindo. Hay un hecho que se me “agua el guarapo” como dicen en Venezuela.

Estando en España, muy mal, sin saber si al día siguiente había para el desayuno, le escribí una “carta lacrimógena” al gerente de Radio Guatapurí, el viejo Manuel Pineda y le expuse mi situación caótica por la que atravesaba. Les pedí su ayuda porque estaba desesperado. En la emisora hicieron una recolecta desde el gerente hasta el portero y me la enviaron. Esa fue la primera plata que yo recibí en Europa. Eso fue muy lindo, ¿Cómo no estar agradecido con gente así?

G.P.: Instalado en Valledupar sentía que debía partir de allí  ¿Por qué?

A.S.: Yo llegué a Bogotá después de estar en “Radio Guatapurí”. Valledupar era un pueblo grande del departamento del Magdalena. Aún no existía el Cesar y ahí todos se conocían. En esta región se creó un tipo de gente muy cordial. Muy social, amiga, amable y solidaria. Yo viví allí casi que un sueño pero un día me dije que ya había trabajado en Medellín, Barranquilla y Valledupar y que quería mostrarme en Bogotá. Era como graduarme de alguna manera. Recuerdo un gran periodista, al “viejo” Macías Álvarez, que se anquilosó en esta región.

Tomé un vuelo en el Aeropuerto de Barranquilla y por coincidencia en él avión iba Carlos Pinzón, en ese entonces director de Caracol. Me le acerqué y me presenté manifestándole mi interés de progresar en Bogotá. El muy decentemente me respondió que no podía ofrecerme nada en Caracol y me recomendó ir a “Radio Continental” (Radio Todelar) diciéndome que era rival con Caracol. Me dijo que allí gustaba mucho el estilo costeño. Yo tenía para pagarme unas dos semanas en una pensión. Recuerdo cuando llegué a esa esquina inmortal para mí de la “Quinta con Diecinueve”. Me pareció muy curioso ver un carro montado en la acera. La persona con la que tenía que hablar era con “Miche” Granados y él me mandó a encontrar al gerente, al señor Jairo Tobón de la Roche, quien estaba arreglando su carro afuera de la emisora. El carro que vi cuando llegué. Con la cara llena de aceite me atendió y me hizo subir de nuevo para que me hicieran una prueba. Luego salí de allí más bien escéptico. Pasó un buen tiempo y me llamaron a una cita. En ese momento las directivas de Todelar estaban un poco descontentas con Emiro Fajardo Ramos, locutor oficial del noticiero Todelar. Con el compartí cabina pero él me hizo una guerra despiadada. Después de terminar el noticiero coincidíamos caminando hasta la “Caracas” a tomar los autobuses correspondientes y así nos hicimos amigos y no te imaginas que fue una de las mejores personas que he conocido en mi vida. El También se llevó la gran sorpresa de que yo no quería hacerle ningún daño. Luego se fue para radio Sutatenza. Ese fue mi ingreso a la Radio Nacional.

G.P.: El Noticiero Todelar le dio reconocimiento  en todo el país. ¿Cómo era la Radio Todelar de su época?

A.S.: Que te puedo decir. Estamos hablando de que nuestra rival era Caracol. Pero había una clarísima diferencia. Nosotros éramos la radio populachera y yo diría que ese estilo en particular lo impusieron los costeños que llegaron ahí a trabajar. En primer lugar “Miche” Granados, Ricardo Villa Herbález, un mítico locutor que se perdió en el alcohol lastimosamente. Manolo Villareal, y tantas voces que se hicieron famosas desde la Radio Continental. Pero habían otras cosas que inclinaban la balanza para nosotros y era fundamentalmente un tipo que era Carlos Arturo Rueda, narrando el futbol en el Campín y un señor elenco de Radio Teatro que hacían las radionovelas de Todelar y que eran sin lugar a dudas las de mayor sintonía.

G.P.: En 1966 cuando se fue a Nueva York al parecer no se le dieron las cosas en su profesión. ¿Qué pasó?

A.S.: No me fue bien del todo. Nueva York es una ciudad que fascina por un lado y por el otro asusta por ser demasiado grande y poco hospitalaria de alguna manera. Cuando llegué estuve viviendo en casa de una hermana y en algún momento consideré que ya debía partir. Toda  mi vida he sido muy independiente. Fui a la “Voz de América” con una carta de recomendación  de la Agencia EFE, de Soilo Martínez de la Vega, quien fue director en Bogotá, no pasó nada. Esperé meses, hice algunas cositas con Radio Wado, -eran cosas mínimas para comer- hasta que me aburrí y efectivamente creo que no me equivoqué al tomar Europa como mi ruta.

G.P.: Parece que no tiene historia como actor de radio en Colombia pero en cambio si en España. ¿Cómo recuerda esa experiencia de radio en su carrera?

A.S.: Esto fue una maravilla. Yo me codeé con lo más grande de las radio novelas españolas. No por calidad sino porque no había otra posibilidad. Todos los grandes de esa época como Juanita Ginzo estaban en Radio Madrid de la Cadena Ser en donde hacía producciones para el consumo nacional y también para el exterior. Mis papeles no eran realmente protagónicos a excepción de uno con alguna significación que hice en una radionovela que se llamaba “Sangre Negra”. De esto, tengo un recuerdo muy lindo, inolvidable. En uno de los viajes en tren que hice a Alemania y en mi regreso a España, venía conversando con mi esposa de esa época y una pareja de cieguitos que estaban al frente de nosotros, el hombre me preguntó si yo era uno de los actores de “Sangre Negra”. Yo quedé sorprendido y me di cuenta de la magia de la radio. Fue algo indescriptible la manera como ellos habían identificado mi voz. Esta es una de las anécdotas más lindas que yo puedo contar de mi vida.

“Estoy en una edad avanzada pero con la mente todavía clara, juvenil, fresca, llena de propósitos, de proyectos y con ese ingrediente infantil de curiosidad y de estar atento a lo que me dicen.”   

Andrés Salcedo. Foto: Archivo particular. El Espectador.


G.P.: Más de dos décadas al servicio profesional de la cadena Transtel.  ¿Cómo recuerda su debut en Alemania?

A.S.: Es fácil y es difícil. Una larga rememoración del pasado sería maravilloso pero voy a hacerlo bien corto. Con un par de brochazos. Llegué a Alemania un 23 de mayo del año 1969 y estaba nevando por primera vez en plena primavera. Cuando llegué al aeropuerto y ví esos rostros adustos, hostiles algunos me dije: “donde carajo he llegado”. Estaba buscando al tipo que me estaba esperando de la Deutsche Welle cuando apareció Federico Knoblauch era uruguayo-judío, uno de los hombres más fríos que yo he conocido en mi vida. Me llevó en su carro a un hospedaje que se llama Kolping Hause. Un hogar de paso para estudiantes extranjeros. Compartí habitación con un muchacho alemán pero nacido en las islas canarias, hablaba español y eso a mí me favoreció muchísimo. Pero yo quería devolverme en el mismo avión en el que había llegado. Al día siguiente a eso de las ocho de la noche salí del hospedaje y me puse a darle vueltas a la manzana, quería curiosear y descubrí en la esquina una tienda que le daba la vuelta por completo a dicha esquina, tenía vitrinas por la calle y por la carrera. Se llamaba “Radio Graff”. Me acerqué a esa vitrina y vi un televisor en color y quedé fascinado. Quedé como esas moscas veraniegas que llegan a una vidriera y se quedan pegadas. Estaba perplejo. Luego me regresé a mi habitación pero pronto volví a salir a darle una segunda vuelta a la manzana, en mi mente sólo estaba volver a ver ese televisor. Volví a quedarme en el mismo sitio mirando el televisor cuando oí un carro a mis espaldas que frenó muy abruptamente y era una patrulla de la policía, salieronn dos agentes y comenzaron a hablarme en alemán y yo no entendía nada. En mi inglés “macarrónico” de esa época les dije: “I am working for the Deutsche Welle” a partir de ese momento ellos cambiaron, fueron más amables pero sin perder dureza y señalaban con el dedo hacia un edificio del frente en donde desde una ventana se veían unas personas mayores que habían sido quienes los llamaron porque un extraño que era yo, le estaba dando vueltas a la manzana y les había parecido sospechoso. Ese fue mi estreno en Alemania…no te sigo contando porque fueron días duros, difíciles para mí.

G.P.:¿Y cómo comenzó a ganar popularidad?

A.S.: Yo trabajé fundamentalmente en televisión. Llegue a trabajar en radio que fue la que me contrató. Uno era la onda corta en donde trabajé muy esporádicamente. Yo trabajaba en el departamento de “enlatados” conocido como “Transkrip tienen Dienst”. Al mes estaba en televisión porque mi llegada coincidió con una huelga de traductores y esto era muy grave para el canal. Me dijeron que tenía que quedarme seis meses en Alemania con el compromiso de transcribir de otro idioma al español. Yo dije que podía hacerlo del francés al español. Ya había conocido al señor Hubner quién vendía libros españoles en su pequeña librería en donde había un diccionario Larousse español-francés, el cual compré. A los 6 meses si quería seguir con Transtel tenía que traducir del alemán. El compañero de habitación me ayudaba mucho. Así me abrí camino. Luego vinieron las locuciones de los documentales, esto me hizo siendo “ostentoso” muy famoso y como traductor llegué a ocupar en Transtel lo digo sin falsa modestia, un sitial de gran importancia. Productores y autores alemanes de películas y series, insistían y exigían para que yo tradujera. Era muy acucioso con las traducciones.

G.P.:¿”Telematch” es su programa del alma?

A.S.: Mi programa del alma quizás sean las transmisiones del fútbol alemán porque fue el que a fuerzas me abrió. Pero en lo que era la juventud de aquella época es indiscutible que “Telematch” fue desde luego el gran programa de los jóvenes. Un programa que cautivaba a todas las edades. Yo me he puesto muchas veces a reflexionar en donde pudo estar el encanto de ese programa. Cuando yo llegué a Colombia recibí varias ofertas para hacer una réplica de ese programa pero el mismo proyecto fracasó porque nos