Gustavo Gómez: “La radio es una historia larga”

Updated: Nov 8, 2020

Lo ideal es que antes de pasar al cuerpo de la entrevista estén impresas algunas líneas de presentación del invitado como tal. Pero creo que no exagero al escribir que en el núcleo de los medios de Colombia, el periodista Gustavo Gómez Córdoba, poco o nada, necesita de una presentación. Sin embargo las excepciones siempre estarán presentes y es posible que algunos lo consideren como una exageración de mi parte.

Y lo digo porque yo mismo quedé sumamente sorprendido cuando comencé a indagar sobre su trayectoria periodística y me encontré con tres aspectos que en lo personal me marcaron y que sintetizan las primeras líneas de esta introducción. El primero: el hecho de haber logrado en su momento que el periodista Julio Sánchez Cristo accediera a ser entrevistado luego de dos décadas de silencio. El segundo: haber sido elegido como el Periodista del Año en Colombia y el tercero: ganarse el atributo de ser considerado como ‘La revelación de la radio en Colombia en los últimos diez años’.

A esto sumándole el que haya sido designado para ‘reemplazar’, un término que por humildad él no comparte, en sus funciones a célebres personalidades de la radio colombiana.

Los dejo entonces con esta charla que gentilmente aceptó realizar Gustavo Gómez Córdoba y en la cual muchos repasarán su carrera, algunos se enterarán un poco más sobre su vida y recorrido profesional y otros, quizás los más románticos, seguiremos teniendo la confianza de que el mundo del periodismo tan agitado, intenso y en ocasiones voraz, sigue contando con personas de una gran calidad humana.


Gustavo Gómez Córdoba. Foto: Caracol.

Por: Germán Posada

¿Cuántos años dedicados al periodismo?

Cuento oficialmente desde el 30 abril de 1990, cuando publiqué por primera vez un texto firmado en la revista Cromos. No lo busquen con mi nombre. Usé un seudónimo: Ben Nevis y, por muchos años, lo reservé para cuestiones de música y cultura. Hace poco descubrí que hay un cuentista infantil que firma con ese mismo nombre. Nadie está solo en el mundo.

¿Por qué no quiso seguir su carrera en Derecho y eligió mejor estudiar Comunicación?

El Derecho fue una maravilla, hasta que empezaron los procesales y me di cuenta de que nunca iba a ejercer. Esa desilusión se cruzó el camino con la emoción que me dio publicar en Cromos. Dejé de ir a clases de Derecho y me la pasaba metido en Cromos, con gente única que hoy recuerdo con mucho cariño, y que fueron mis primeros maestros. Fernando Garavito, Yolanda Ruiz, Daissy Cañón, Carlos Ruiz, Joaquín Reyes, Jairo Dueñas, Pedro Badrán, Fernando Araújo, Yirama Castaño y tantos otros que me acogieron y enseñaron. No olvido a Julio Andrés Camacho, dueño-director que me confío tareas que nadie le hubiera delegado a un novato, y a Hilda Pizón, secretaria de redacción que me abría los ojos para que no metiera tanto las patas.

Cómo hombre de medios seguramente tiene nombres de locutores en su memoria a los cuales admiraba en época de juventud. ¿Quiénes serían por ejemplo?

La gente tiene la idea de que los locutores son una especie de voces sofisticadas y ya. No es así: los periodistas no siempre son locutores, pero los locutores de verdad viven y sienten el mundo de los medios y del periodismo. Una voz sin criterio es un cuerpo esbelto sin neuronas. De esa categoría, en el alma llevo grabados a Juan Harvey Caicedo, Otto Greiffenstein, Armando “el Chupo” Plata, Eucario Bermúdez, Jorge Antonio Vega, Fabio Becerra Ruiz, Gustavo Niño Mendoza… y aquí me podría quedar media hora, pero agregaré a un puñado que admiro especialmente porque, además de oírlos, he trabajado con ellos: Fernando Calderón España, Eduardo Aponte, Juan Manuel Ruiz y Álvaro Gómez Zafra. Y la voz única de Judith Sarmiento.



A propósito de Judith Sarmiento alguna vez le pregunté por qué lo prefería a usted en referencia a Yamid Amat y a Julio Sánchez Cristo y me respondió que por su frescura y su cercanía con el oyente. ¿Qué líneas le dedicaría a Judith Sarmiento?

En el periodismo, sea cual fuere el formato, hacen falta voces. No digo solo belleza de las voces, desde una perspectiva de estética, desde una dimensión de locución. Digo que faltan más voces como la de Judith: con carácter. Con estructura ética y mental. La lengua y la garganta no sirven de nada, en el periodismo radial sino tienen conexiones efectivas con una doble I: inteligencia e integridad. Colegas como Judith tienen voz y voz, en el sentido al que me refiero. Caso muy similar al de Yolanda Ruiz, que, junto a Judith, son ejemplo de entereza, entrega y devoción a los principios éticos del periodismo. Admirables. Maestras en el verdadero sentido del término.


Tiene un extenso recorrido en periodismo escrito. Una de las tantas revistas en las cuales ha colaborado es Billboard. ¿Qué escribía allí?

Lo hice por años y fue muy grato. Leila Cobo, la persona más importante de Billboard en materia latina, me invitó, tal vez después de una entrevista que le hice, a ser corresponsal de la revista. Mandaba noticias de la industria de la música desde Colombia. Es un detalle que pocos conocen, pero lo hice por cinco años.


Su trayectoria en radio ha sido ‘envidiablemente’ ascendente estando en su orden al lado de figuras como Yamid Amat, Julio Sánchez Cristo y Darío Arizmedi. ¿Qué le ha significado desarrollar carrera al lado de figuras tan prominentes del periodismo en Colombia?

Ha sido un lujo y un honor. Pero no se trata de un listado de grandes de la radio del que uno presume y punto. El periodismo es un oficio, esto es, se aprende y perfecciona trabajando al lado de maestros que enseñan. Algunos realmente se sientan con uno y lo guían; otros, no, pero uno los observa y aprende. En mi ejercicio periodístico hay cientos de cosas de ellos, de los maestros, pero también de muchos compañeros que me han parecido geniales, y uno asimila y aplica. El periodismo tiene algo que parece una contradicción: triunfan las personas originales… pero parte de su éxito tiene que ver con la imitación de los maestros.

Digamos que en su momento se dio el lujo de rechazar ser Director de Noticias de Caracol Televisión, un cargo que seguramente muchos desearían y todavía hay quienes se preguntan por qué. ¿Por qué no aceptó?

Hace muchos años me puse una meta: no ponerme metas. Las metas suelen confundirse con cargos y dignidades. Quien se deja llevar por las pasiones que despierta llegar a un sitio específico, termina perdiendo el Norte. Lo planteo de una forma más sencilla y menos rimbombante: personas amables del Canal Caracol pensaron que podría yo tener madera para dirigir sus noticias, pero lo pensaron de otros colegas también. Finalmente ellos eligieron a otro periodista y yo elegí quedarme en la radio. Es más sencillo de lo que parece. Al Canal Caracol cada vez le va mejor, eso me alegra, y la radio no me ha querido soltar. Esa es otra felicidad.

Hace 12 años usted entrevistó a Julio Sánchez Cristo para la Revista Semana. En ella le hizo una pregunta que pienso tiene cierta semblanza con el tema anterior. Así como usted se la formuló a él de igual manera yo la copio y se la hago a usted.

¿El periodista de radio debe hacer caso de tentaciones como la televisión, que convierte a la gente en popular en menos de una semana?

A la televisión le pasa lo que los cuchillos: es su uso el que suele determinar sus bondades o defectos. El periodismo de televisión no solo me parece respetable, sino grato y valioso, pero me siento más cómodo frente a los micrófonos que a las cámaras. Lo mismo le debe pasar a Julio y a montones de periodistas que hemos encontrado en la radio la mejor manera de “hablar” con los demás. Pero no es un pecado sucumbir a las tentaciones, ni en la vida ni en el periodismo.

Hace 10 años en la entrega de los Premios Simón Bolívar fue premiado como el Periodista del Año en Colombia. Para la época usted respondió en una entrevista que creía que el jurado había dado ese reconocimiento a la virtud de estar en contacto con la gente, de no atropellar y no perseguir a nadie. ¿Esas palabras son las que en últimas definen el periodismo que realiza Gustavo Gómez?

Sí. No somos perfectos y cometemos errores. Pero la idea es tratar de hacer un periodismo que no atropelle, que no destruya. Aunque reconozco que la grosería con que a veces se nos trata en redes de vez en cuando merece respuestas contundentes, sobre todo para mostrarle a la gente que las redes son como la vida real en el trato a los demás. Insultan y ofenden como si en el mundo virtual no se tuvieran responsabilidades. Toda acción de redes podrá tener una reacción equivalente. La gente no se detiene a pensar en eso.

Reemplazó nada más y nada menos que al reconocido Hernán Peláez en ‘La Luciérnaga’, un cargo en el que muchos opinaron sería imposible realizar y en el que usted obtuvo gran éxito por espacio de casi cinco años. ¿Cómo define su paso por este legendario programa?

Lo primero, y no es un detalle menor, es que no reemplacé al doctor Peláez: simplemente fui el director siguiente después de él. Peláez es irremplazable. Ahora está Gabriel de las Casas, en otra época lo fue Guillermo Díaz Salamanca, y habrá más personas al frente de un espacio que es escuela para cualquiera que pase por él. Ha sido una de las experiencias más gratificantes de la vida: informar con el humor con herramienta. Y compartir con una All Stars de humoristas, músicos, cuentachistes, periodistas, libretistas, locutores, trovadores… los sigo llevando en el corazón, hablo mucho con ellos, y sé que saben que los quiero y les estoy eternamente agradecido. No fue fácil el arranque de la Luciérnaga sin Hernán, pero todos me rodearon y apoyaron. Sin el elenco de la Luciérnaga, no habría durado más de un par de meses como director.

En ‘6 AM Hoy por Hoy’ tomó la batuta que en su momento dejó Darío Arismendi. ¿Cuál es su balance durante este año y medio de labores cómo Director?

Por cerca de ocho años, antes de los casi cinco en La Luciérnaga, había sido parte de la mesa de trabajo de Darío, quien se fue convirtiendo en amigo. Y creo que nunca he defraudado esa amistad, porque a veces pasa que la gente se vuelve amiga del jefe o de la jefa, y cree que eso equivale a relajarse y aflojar. Nunca ha pasado así con Darío. Fue él quien me dijo en su momento: “si te suena ir a dirigir La Luciérnaga, dale, sé feliz”. Y lo hice por lo que le digo, no me fijo puestos como metas y jamás hice “fila” o algo parecido para dirigir 6AM. Así que cuando se dieron las cosas y Darío decidió dejar 6AM alguna gente, incluido él en primera fila, pensó que debía ser yo. Me dio guayabo dejar La Luciérnaga, pero ha sido un reto monumental, no solo por sentarme en la silla de Darío. Es que la mañana lo pone a uno a competir con colegas de un nivel muy alto y, ahora, además, con un arco iris de nuevos medios, muchos de ellos digitales y muy buenos. Estamos dando una animada lucha diaria. Hay que levantarse cada mañana con toda la energía y decisión que la época requiere. Me gusta 6AM y confío en mi equipo.

La idea es tratar de hacer un periodismo que no atropelle, que no destruya.

Gustavo Gómez Córdoba. Foto: Oscar Pérez. El Espectador.

¿Qué perdió ‘6 AM Hoy por hoy’ con la salida hace poco de sus columnistas, una apuesta en la que usted confiaba plenamente para el éxito de esta célebre emisión?

La empresa tomó la decisión, en su momento, de no emplear más recursos en