Oscar Tito López, el papá de los pollitos


Oscar Tito López.



Platicar con Oscar Tito López sobre su recorrido profesional en la radio de Colombia siempre resulta bastante interesante, hasta en algún momento de mi vida la referencia más importante que tenía sobre él fue su remarcable trabajo en la emisora Veracruz Estéreo en la ciudad de Medellín a mediados de los ochentas, luego con el tiempo, pude enterarme de los motivos por los cuales dejé de escucharlo y el por qué de su partida para Bogotá en donde multiplicó con creces su carrera radiofónica iniciada en la capital antioqueña.

Tito López no para de trabajar. Aunque oficialmente ya tomó su retiro de la radio, su creatividad se mantiene a flote y constantemente está produciendo material auditivo y escrito que comparte a través de las redes sociales con el cuál aprendemos y disfrutamos todos aquellos que sentimos ese “cariño especial” por la magia de la radio.

La admiración y respeto que inspira Tito López es compartida por muchos. Su experiencia en los formatos de radio musical y juvenil es cuantiosa y varias generaciones de profesionales de la industria radiofónica en Colombia como en el exterior, reconocen en él un mentor y un líder.

Sea entonces una vez más a través de esta publicación, la oportunidad de conocer más detalles de la prolífica carrera de este hombre de radio que comenzó en ella sin un propósito en especial pero que con el paso del tiempo terminó siendo su estilo de vida.

Por: Germán Posada



¿Hace cuanto que decidió retirarse de la locución como su actividad profesional cotidiana?

En Blu Radio tuve la oportunidad de participar en el programa “En Blu Jeans” de los fines de semana pero luego pasé a hacer ‘Mañanas Blu 10 a.m.” Al final fui invitado a conducir junto a Jorge Alfredo Vargas “Voz Pópuli”.

Estando allí comencé a sufrir de tinitus o acúfeno, una condición médica muy molesta en la que uno escucha de manera permanente un pito en el oído, lo cual algunas veces llega a ser desesperante.

Aunque ya venía sufriendo de ello con anterioridad por el abuso del volumen en el uso de los audífonos, fue en “Voz Pópuli” donde se volvió más complicado por la cantidad de gente participando en la mesa, las carcajadas, la música y la comunicación interna con los productores de contenidos y operadores de audio.

Solo pude estar al frente del programa un par de semanas y finalmente tuve que dejar de trabajar al aire, algo que me dejó muy triste porque estar frente a un micrófono es lo que más me gusta de hacer radio.



¿Cómo le resulta ahora seguir tan activo en los medios y en especial escritos pero más desde un ángulo de observador, de analista?

Yo soy muy activo en redes sociales, especialmente porque comparto por allí los enlaces a los escritos que publico en radioNOTAS acerca de radio, locución, programación, pódcast, tecnología, plataformas de audio y redes sociales.

También hago comentarios acerca de lo que escucho, de los resultados de las encuestas de audiencia, de los movimientos en las emisoras, pero también sé que a mucha gente le gustan mis publicaciones acerca de los gazapos que encuentro en los medios de comunicación, así que es probable que por eso me llamen a consultar acerca de diferentes temas relacionados.

Lo otro es que, gracias a la tecnología, ahora está de moda hacer conversaciones en video en plataformas como Zoom, Google Meet y plataformas similares y también ha crecido la producción de pódcasts, y como hablo de eso en mis artículos es probable que haga que algunos de quienes producen esas transmisiones encuentren valioso lo que pueda decirles.

Ese ángulo de observador o analista lo he ido cultivando gracias a mi experiencia de más de 45 años en radio, trabajando con las principales cadenas de radio del país y montando emisoras en otros mercados. Ha sido un aprendizaje arduo y continuo, así que creo tener bases para hacer mis comentarios, advirtiendo que es posible que muchas veces no tenga la razón. Al fin y al cabo, siempre estoy dispuesto a aprender y a escuchar a los que saben.



¿Qué ha sido la locución en la vida de Tito López?

Yo empecé a hacer locución porque, cuando monté mi emisora experimental de A.M., no había quién hablara por ella. Pero cualquiera que trabaje en radio le va a decir seguramente lo mismo: uno prueba la locución y hay algo que lo engancha a uno. Hay una magia. No sé qué es lo que la hace tan especial, pero una vez que uno la prueba no la quiere dejar nunca.

Todo el mundo de la radio me apasiona: la producción, la creación de programas, la técnica, la programación musical, las estrategias de mercado, las investigaciones, la dirección, y lo mejor de todo es que he podido estar en todas esas áreas siempre acompañado de la locución, ya sea como disc-jockey, como acompañante o como conductor de programas.

Finalmente, creo que la locución me dio una cara, un rostro, una personalidad para mostrar, para que la gente conociera esa persona que estaba detrás en las otras funciones. Me ha permitido hablar con la gente, entrevistar grandes personalidades, grabar comerciales y hasta enamorar a mi esposa, con quien llevo casi 40 años de feliz matrimonio.



Cualquiera diría que un tipo como usted que se inició en la radio por su gusto y pasión por la música rock, pudo haber llevado una vida agitada con todo lo que encierra la vida nocturna y la rumba, pero todo lo contrario, usted ha manifestado ser muy tranquilo y hombre de familia. ¿En su carrera cómo le resultó lograr ese equilibrio entre sus actividades profesionales y su vida personal?

No ha sido difícil. En general, soy una persona calmada, a veces muy tímida e introvertida. Claro que rumbeé mucho, que me reuní con mis compañeros de trabajo, que disfruté de fiestas, conciertos y eventos, pero mi pasión por la radio siempre ha estado por encima de todo eso.

Pero talvez lo que más influyó fue el hecho de haber creado los programas de la mañana. Yo soy muy serio en mi profesión, así que nunca llegué tarde a mi turno ni “enguayabado”. Sabiendo que al otro día tenía que madrugar, al final comencé a evitar las trasnochadas.

Pero también hubo otra razón: durante 15 años, a partir del año 2000, comencé a realizar un servicio de show-prep, es decir, de material de producción de contenidos para programas de radio. Lo hacía yo solo. Comenzaba tan pronto terminaba mi trabajo en la emisora y me quedaba hasta las 11 o 12 de la noche todos los días, de domingo a jueves. Ese compromiso con clientes internacionales también me obligó a encerrarme en las noches y dejar de lado la rumba.



Si le pregunto cuál fue la persona con la que usted hizo mejor llave para trabajar haciendo radio, me atrevería a decir que no me equivoco al creer que fue el reconocido Donnie Miranda. ¿Estoy en lo cierto? ¿Por qué?

Claro. Es que con Donnie todo fue natural, desde el primer programa por allá en agosto de 1975. Es mi mejor amigo, una amistad que viene desde nuestra adolescencia. Y esa ‘llave’ funcionó porque al principio no nos tomábamos el trabajo en serio. Era un pasatiempo que nos hacía felices, que nos dejaba presentar la música que nos gustaba y hablarle a la gente.

Esa amistad se reflejaba al aire. Todo era diversión. En ningún momento sentíamos que estábamos trabajando. Por eso las cosas fluían. El ser amigos hacía que cada uno celebrara las ocurrencias del otro, tal como sucede entre los amigos de barrio cuando se reúnen a ‘mamar gallo’.



¿Qué tuvo Tito López de distinto a ese grupo de colegas con tanto éxito en Medellín con Veracruz Estéreo cuando en su momento decidió dejar esta mítica emisora y migrar hacia Bogotá para seguir haciendo radio en la Superestación?

La gran diferencia es que en Veracruz trabajaba con las mismas personas con las que comencé a hacer radio: Donnie Miranda, Carlos Alberto Ríos y John Jairo Muñoz, así como otros que se fueron sumando a la nómina como Carlos Villada y Darío Orozco “El Pajarraco”.

Cuando llegué a Bogotá, el equipo ya estaba armado. El nuevo era yo, en una ciudad que no conocía, con un estilo de provincia que se reflejaba en todo: en mi acento, en mi pinta, en mi cultura paisa. Sin embargo, fui muy bien recibido desde el primer día y me quedó muy fácil adaptarme a las circunstancias.



¿Cómo en la película qué fue lo bueno, lo malo y lo feo, de este cambio profesional en su vida?

Lo bueno: Llegar a la capital. Bogotá es una ciudad increíble, es la tierra de las oportunidades. El que quiere trabajar, el que es juicioso, le va bien. Pero, además, mi trabajo podía trascender al resto del país. No es ningún secreto que lo que uno hace en provincia se queda allá, pero lo que se hace en la capital trasciende a nivel nacional.

Lo malo: Dejar atrás esa gran amistad con Donnie y los demás compañeros de trabajo de tantos años. Dejar mi familia y amigos. Dejar a mis jefes de Veracruz Estéreo, que hicieron un gran esfuerzo por retenerme.

Lo feo: Perder por un tiempo la amistad con Fernando Pava ante el llamado de Caracol a manejar Radioactiva y tener que competir de frente contra alguien que me dio la oportunidad de llegar a Bogotá. De alguna forma, traicioné ese esfuerzo y esa confianza que había depositado en mí, aunque al final todos sabemos que una cosa es la amistad y otra cosa son los negocios y el trabajo. Afortunadamente, eso no pasó de ser una anécdota que, al final, le hizo mucho bien a la radio, a los oyentes a y quienes trabajábamos en esas emisoras.



Quizás un hecho trascendental en las carreras del afamado Armando Plata Camacho y Tito López fue su entrada a Caracol a finales de los ochentas para dirigir el proyecto de Radio Activa y al mismo tiempo la salida de Armando Plata de este proyecto, generando en gran medida su decisión de cerrar su ciclo profesional en Colombia e inmigrar hacia los Estados Unidos. A ustedes se les observa con una excelente amistad y además con gran respeto y admiración mutua. ¿Ya retirados oficialmente de la radio y con más experiencia de vida acaso han hablado sobre este tema en particular?

La verdad, no. Para mí fue una fantasía llegar a recibir Radioactiva de manos de uno de mis ídolos de juventud. Armando sabe de la admiración y el respeto que le tengo, pero es que además él es una persona increíble. Nunca vi que se molestara por el hecho de haber tomado yo las riendas de ese proyecto. Por el contrario, recuerdo que él quedó de productor de la Cadena Básica y un día le dije que me encantaba como sonaba él como voice-over de la emisora e inmediatamente me dijo: “¿Por qué me lo dices? ¿Querrías grabar locuciones para la Básica? No es sino que me lo digas…”

Él sentó las bases de Radioactiva. Contrató a personas muy importantes. Hizo un vestido de jingles y promos sensacional, y escogió un elenco impresionante para Radioactiva Medellín.

Pero nunca hemos hablado del tema. No sé si haga falta. Fue una simple circunstancia pasajera que lo único que hizo fue cultivar nuestra amistad.



“Yo no creo en las versiones apocalípticas del final de la radio.”

Oscar Tito López.



En la historia de la radio juvenil musical en Colombia, no hay duda de que su nombre ya tiene su estrella. ¿En su momento llegó a sentirse cómo una estrella de la radio en Colombia?

En Colombia, no. En Medellín, sí. Recuerdo que una vez me paró un agente de tránsito llegando a El Poblado. Me asusté, pues estaba seguro de no haber cometido ninguna falta. El agente me paró simplemente para que le firmara un autógrafo. Claro, tenía un programa de televisión por Teleantioquia muy popular y con mi pelo largo y mi bigote la gente me reconocía muy fácilmente.

Sin embargo, eso fue pasajero, además porque al poco tiempo me fui a vivir a Bogotá, donde uno pasa a ser uno más del montón.

La gente reconocía a Villalobos, a Papuchis, a Gabriel Delascasas, a Andrés Nieto, a Guillermo Díaz Salamanca, pero a mí no tanto. Yo solo era la persona que repartía el balón en “La Locomotora”, pero los grandes personajes siempre fueron ellos.

Sin embargo, y luego de ser director nacional de emisoras musicales de Caracol y RCN, y de haber dirigido Blu Radio y lanzado La Kalle, mucha gente de radio me conoció, y creo que agradecen mi afán por enseñar, por mostrar otras formas de hacer nuestro trabajo, de apoyar a los nuevos talentos. Ahí sí creo haberme hecho un nombre.



La locución es una profesión en la que distinto a otras normalmente no se comienza con altos salarios a menos que ya se tenga reconocimiento y trayectoria. De hecho hay variadas historias en las que personajes famosos de radio comenzaron trabajando gratis. ¿Las academias de locución deberían ser claras en este aspecto con sus estudiantes?

Bueno, yo dudo que en otras profesiones la gente ingrese a ganar salarios altos. Todos tenemos que entrar como novatos, como principiantes, y es lógico que ante esa falta de experiencia y de conocimientos ganemos menos que quienes ya tienen su carrera avanzada.

Donnie y yo hicimos programas de radio durante 3 años sin recibir un solo peso, y cuando comenzamos en la Voz del Cine solo nos pagaban $4000 mensuales. Eso era un poco más del salario mínimo de esa época. ¡Y eso que nuestro cargo era de codirectores!

Yo veo esa preocupación no solo en la radio. No sé por qué hoy en día la gente cree que en su primer trabajo se tiene que ganar un sueldo de gerente, aunque se haya graduado de la universidad. El valor del trabajo se adquiere mostrando resultados, no con un título.

La radio comercial es un negocio. Los dueños quieren ganar dinero. Para eso invirtieron el suyo. Por más talentosos que nos creamos, primero tenemos que demostrar que valemos lo que están pagando por esa inversión. Hay gente que se queda toda la vida en el mismo cargo, sin mayores aspiraciones. Se jubilan sin haberse arriesgado a hacer cosas diferentes. Y eso no está mal.

Pero si alguien quiere surgir, quiere ganar dinero, quiere ser llamado por otras emisoras o por la televisión, pues tiene que esforzarse, tiene que profesionalizar su trabajo, tiene que “ponerse la camiseta”.

Hay gente que se siente explotada cuando se menciona esa frase. Es gente que piensa que su trabajo solo sirve para hacer más rico al dueño de la empresa. Con ese pensamiento no va a llegar a ningún lado. Uno debe trabajar para uno mismo. Y no es por el salario que le pagan cuando empieza. Ni siquiera por el de los primeros años. Quienes trabajamos en radio, quienes hablamos frente a un micrófono tenemos un privilegio que pocos puede tener. Eso hay que entenderlo y procurar sacar el mejor provecho. Con el tiempo el dinero llegará.



Alguna vez leí o escuché decirle que tenía las facultades para haber sido un ingeniero en electrónica. ¿Se le ha pasado por su mente que se equivocó con la locución?

Me encanta armar y desarmar equipos. Así comencé a hacer radio. Por mi propia cuenta, en mi cuarto tenía una consola fabricada por mí con la que manejaba las luces y el sonido de mi habitación. Mediante suiches prendía o apagaba las luces, los parlantes, el tocadiscos, el radio.

Nadie me enseñó a sacar el sonido directo de un equipo de sonido a una grabadora de casetes o de carrete abierto. Yo armé, por mis propios medios, un estudio de grabación en la casa de Donnie, solo basado en mi inventiva y construí con un vecino una emisora de radio en A.M. experimental.

Por eso digo que, desafortunadamente, mis padres no vieron esas habilidades en mí. Mi papá quería que yo fuera administrador o negociante, probablemente pensando en que yo sería su sucesor algún día, pero eso no me gustaba. Empecé a estudiar administración de empresas en EAFIT y me retiré al segundo semestre. Eso no era lo mío.

Probablemente me hubiera ido bien en electrónica, aunque no sé si hubiera sido capaz con las matemáticas avanzadas de una ingeniería.

Lo cierto es que aún hoy me gusta la tecnología. Yo armo y desarmo mi computador. Me encanta ‘cacharrear’, hacer ensayos, descargar softwares, instalar programas. Sé instalar una motherboard, un procesador, las memorias, los discos duros. Resuelvo problemas complicados en mis equipos. Me he vuelto un experto en ello. Soy bueno y muy recursivo para la tecnología. Me encanta. Pero no creo que me vaya a poner a estudiar más. Al menos no por ahora.



Con todo este tema de que la radio tiende a desaparecer, que no es una buena opción para hacer carrera en ella, la popularidad del podcast y otras cosas más. ¿Desde su experiencia cuál sería la sugerencia que ofrecería a las personas apasionadas por la radio y que quieren seguir y soñar apostando a hacer carrera en radio?

Yo no creo en las versiones apocalípticas del final de la radio. Tampoco creo que las emisoras online ni los pódcasts sean el futuro de ella. Creo que es más el ruido que se hace con esas nuevas tecnologías que lo que realmente representan en la vida real.

Es cierto que la radio ha perdido tiempo de escucha porque la gente tiene más opciones de entretenimiento. Es decir, la gente sigue oyendo radio, sigue escuchando sus emisoras favoritas, pero por menos tiempo porque también quiere ver Netflix, los videos de TikTok o YouTube y subir sus fotos y comentarios a Instagram, Facebook y Twitter.

Pero la radio, si se hace bien, no tiene por qué morir. Solo hay que entenderla. Solo hay que comprender qué es lo que la gente espera de ella. Ya no se puede uno demorar 2 minutos haciendo la presentación de un programa. Ya no se puede quedar enviando saluditos o invitando a pedir sus canciones favoritas.

Con tan poco tiempo la gente quiere escuchar sus contenidos ya mismo. Si no, se va a otra plataforma.

Por eso hay que preparar lo que se va a decir. Hay que hablar lo justo. Hay que entretener y divertir. Hay que informar, pero todo lo más claro y conciso posible. Y dejar que la música suene completa, que no hablen encima, que no marquen las canciones. Uno nunca escuchará una canción ‘marcada’ o ‘pisada’ en Spotify.

En la radio hay muchas oportunidades para talentos creativos que quieran trabajar duro, que se quieran comer el mundo, que entiendan que hay que ser tan profesionales como lo son los médicos, los arquitectos, los abogados.

Con la radio se puede volver un influencer, un youtuber, un personaje reconocido. Puede saltar a la televisión, a los pódcasts, a la locución comercial. Incluso puede llegar a trabajar en el área de mercadeo, de eventos y, por qué no, a gerenciar la empresa.

Cualquier trabajo, cualquier profesión es buena si uno la hace con ganas, con afán de aprender y de mejorar cada día.



¿El proyecto de escribir su historia en radio sigue en curso?

Más que mi historia, que no estoy seguro de que sea tan interesante, sí estoy mirando la posibilidad de recopilar mis artículos en un libro que sirva de complemento a las enseñanzas de comunicación social y radio en las instituciones educativas. Que se convierta en una herramienta de consulta para quienes se desempeñan en nuestro mundo de la radio y la locución.



Muchas gracias.

Gracias a vos.



“La locución me dio una cara, un rostro, una personalidad para mostrar.”

Oscar Tito López, Shakira, Gabriel Delascasas y Hernando “El Capi” Romero Barliza.


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Germán Posada es natural de la ciudad de Medellín (Antioquia). Estudió Locución para Radio y Televisión en el Instituto Metropolitano de Educación (I.M.E). 
  
En Medellín colaboró en el programa Buenos Días Antioquia transmitido por la Cadena Colmundo Radio y participó en la animación y programación del programa Mirador Comunitario a través del Sistema Radial K (Armony Records). Ambos bajo la conducción y dirección del Periodista antioqueño Carlos Ariel Espejo Marín (q.e.p.d). 

 

Desde el 2001 reside en la ciudad de Montreal en donde ha participado en la realización y animación de los programas radiales Escuchando América Latina  (CKUT 90.3 FM), Onda Latina (CFMB 1280 am) y La Cantina (CFMB 1280).