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José Alberto Giraldo Restrepo: “Colombia es un país de voces lindas.”


José Alberto Giraldo Restrepo.



La radio es un estilo de vida. Yo puedo morirme ahora o mañana, cuando Dios quiera, y voy a morir feliz, porque cuando uno ha podido trabajar en lo que ama es una bendición.”. Con estas palabras cierra esta entrevista, José Alberto Giraldo Restrepo, un consumado y apasionado locutor, que llegó a la radio, por necesidad.


Giraldo Restrepo nació en el municipio de Quimbaya en el departamento del Quindío, pero creció y ha vivido toda su vida en Pereira.


Se estrenó en la radio por aquella necesidad que lo obligaba a trabajar a su corta edad para responder como papá. El día que debutó no pudo hablar. El micrófono lo amedrantó. Pero aquella experiencia fue el mejor signo en su carrera, porque a partir de ese instante, supo que siempre debía estar bien preparado para poderlo enfrentar, y así lo hizo por más de cuatro décadas que duró su carrera en radio.


Dueño de un sonoro y agradable timbre de voz, José Alberto Giraldo Restrepo, conquistó, quizás sin proponérselo, el mundo de las ondas hertzianas. Se esmeró con pasión y aprendió en el arte del bien hablar. Su talento trascendió y se valoró. Pudo emigrar, enfrentar nuevos desafíos y conquistar país, pero el destino quiso que hiciera nombre en su propio terruño.


La historia de la radio en Colombia es enorme, y en cada ciudad, hay un relato aparte con sus propios personajes, y justamente en Pereira, uno de esos personajes, es con honores, José Alberto Giraldo Restrepo.



Por: Germán Posada



¿Por qué escogió la carrera de locución?


Yo vengo de una familia de gente que se ganó la vida con la voz. Mi papá fue corista muchos años de la Catedral. Mi hermano mayor fue cantante de orquestas, de hecho, cantó con Jairo Varela cuando este aún no era tan conocido. Tengo otro hermano que se jubiló en Caracol Medellín, fue locutor de noticias varios años y trabajó en Radio Súper en Bogotá y fue voz institucional de esta emisora por mucho tiempo.

A mí me picó esa venita. Siempre me gustó la radio deportiva y quería ser locutor deportivo, pero otras fueron mis tareas. Empecé anunciando discos, dando la hora, durante 18 meses fui locutor bombillo.



¿Estudió locución o se hizo de manera empírica?


Terminé el Bachillerato en el Colegio Rafael Uribe Uribe de Pereira, pero conseguí una obligación a muy temprana edad y tenía que responder por una hija. Para ese entonces necesitaban un locutor en la noche. Yo había comenzado a untarme en las tareas de la locución en algunas emisoras en donde había trabajado mi hermano como en La Voz Amiga, Onda Libre, La Voz del Café, y practicaba mucho.

Entré a la radio siendo empírico, pero así no supiéramos nada nos enseñaban porque la radio de antes era más exigente. Trabajé 18 meses sin licencia y luego me mandaron a Bogotá a presentar exámenes. En el Murillo Torres, presentamos los exámenes. Allí me encontré con grandes locutores como Eduardo Aponte Rodríguez, Sergio Ramírez y Fabio Becerra Ruiz.

A mí me ha gustado leer toda mi vida. La cultura es muy importante en un ser humano. Hice estudios en una escuela comercial y estudié inglés, pero no fui muy bueno para aprender este idioma.



En La Voz Amiga fue en donde le dieron su primera oportunidad de estrenarse en un micrófono. ¿Qué le pasó que no fue capaz de hablar?


Así es. Me llené de nervios. Pero teníamos operadores veteranos que nos ayudaban mucho, entre ellos Oscar El Mono Jaramillo, Marino Monsalve y otros.



Tengo entendido que Oscar Jaramillo en aquel instante lo regañó. ¿Qué tanto le sirvió este regaño?


De mucho. Cuando uno está joven de pronto no nos gusta que nos regañen, pero yo tenía tantas ganas de aprender y me sentía tan orgulloso de estar frente a un micrófono que me parecía mentira poder hacerlo.

Los operadores ayudaban mucho y me daban pautas de como hablar. El director de la emisora, Daniel Alfonso Benítez, era un hombre sumamente exigente al igual que el gerente, Álvaro Escobar Mejía.


¿Finalmente le quitó el miedo al micrófono o nunca pudo?


Yo nunca le perdí el miedo al micrófono. Cuando uno le pierde respeto al micrófono se vuelve irresponsable que es lo que ocurre hoy en día. Quien diga que no le tiene miedo al micrófono es un irresponsable.



¿En sus inicios, su renuncia precipitada de la radio, de qué le sirvió?


Cuando renuncié ya tenía mi hija. Yo apenas era un perifoneador nocturno que estaba aprendiendo. Y, es más, trabajé 41 años en la radio y me faltó aprender muchas cosas.

Quizás por vanidad, yo quería que la gente me oyera. En mi época era todo lo contrario y la audiencia nocturna era muy poca. Recuerdo que a los 18 meses de estar haciendo el turno de locutor bombillo, pedí cambio para el día, pero me dijeron que no. Álvaro Escobar Mejía me dijo que todavía me faltaba para ser locutor.

Cuando me dieron una segunda oportunidad, a los 6 meses de estar otra vez trasnochando me llamó el gerente y en medio de mi miedo porque pensaba que me iban a despedir me dijo invitándome a un tinto que ya estaba preparado para trabajar en el día. Eso se lo agradezco siempre a Don Álvaro Escobar Mejía.



¿A quiénes llamaría tutores en esta profesión?


Para mí el maestro fue Antonio Pardo García. Yo adquirí muchos conocimientos del estilo de él y lo imitaba, pero con mi estilo propio.

Y obviamente, mi hermano, Jesús Giraldo Restrepo. Le faltó un año para ser cura. Un hombre muy culto con una voz espectacular. A sus 80 años conserva su voz perfecta.


Usted es un defensor de la radio tradicional, en la que aprendió y fue protagonista, pero no es del todo su gusto la que se hace hoy en radio. ¿Cree que todo es de mala calidad o qué rescataría de la radio actual?


No, claro que no todo de mala calidad. Yo defiendo la radio anterior en algunos aspectos, por ejemplo, la ética, el buen hablar, el buen manejo del idioma. Uno se queda impresionado de escuchar gente en radio y televisión, algunas veces, muy connotada y que manejan muy mal nuestro castellano.

Me parece, que este fenómeno es más en lo deportivo. Yo no he podido entender como hay gente en Colombia que trabaja en la parte de los deportes que le ha dado por argentinizarse sin necesidad alguna.

Gente buena, claro que la hay. A mí me encanta, por ejemplo, Julio Sánchez Cristo, Gustavo Gómez, Antonio Casale, o Julián Parra. Otros, aunque no niego que a veces me hacen reír son Martín de Francisco y Santiago Moure, pero me parece que son vulgares. Yo pienso que cuando una persona tiene talento no puede llegar a la vulgaridad para ser oído.



¿La tecnología que antes no se tenía y que ahora es voluminosa qué tanto le está aportando a la radio?


La tecnología ha hecho que la radio llegue hasta los lugares más recónditos. Siempre es positiva en cualquier acto de la vida y más en los medios de comunicación. Anteriormente se trabajaba mucho con las uñas, pero había mucho ingenio.

La radio colombiana fue en su momento una de las mejores de Hispanoamérica.



Antes, si se tenía un tono de voz en especial si era grave se podía tener la esperanza de ser locutor. Ahora se promueve mucho la voz natural y ha quedao atrás ese estilo que describen engolado. ¿Cómo observa esta diferencia de criterios?


Un buen locutor no es aquel que habla muy grueso o delgado. Lo más importante de la voz es el timbre. Nada tiene que ver el volumen si no el timbre que se tenga. Hay que diferenciar entre un buen locutor y una bella voz. En Colombia se han acabado los buenos locutores, pero siguen prevaleciendo las voces lindas. Colombia es un país de voces lindas. Para ser un buen locutor hay que ser integral. Yo tuve compañeros con voces espectaculares, pero solamente servían para grabar cuñas.

Por mi trabajo como director de transmisiones de Caracol me quedaba sin voz y entré a una academia en Cartago del barítono Joseito Torres y bastó cuatro meses para que mi voz no se volviera a cansar como antes. Podía hablar hasta un mes seguido y no se me afectaba la voz.

Como anécdota, le cuento que Mario Lanza, fue uno de los grandes barítonos que tuvo el canto, reconocido por interpretar Granada. Murió a los 44 años, con una voz espectacular y murió de un infarto. El dictamen médico determinó que su deceso fue a causa de no saber manejar la voz.


Yo leía dos noticieros, uno popular que era gritado y con mucha audiencia y otro, en la Básica con un estilo más pausado, más señorial. Y nadie reconocía que era mi voz.

Una voz agradable no es que sea gruesa ni delgada. Juan Gossain no tiene la súper voz y a mí me encantaba escucharlo. Una voz agradable con un buen grado de cultura es lo ideal para un locutor integral.

¿Piensa que actualmente la obtención obligatoria de una licencia de locución ayudaría a mejorar la calidad en los locutores?


Pienso que es un elemento importante por lo menos para tratar de sanear un poquito la radio, porque esta se volvió un escampadero de cualquiera. Hoy en día pareciera que no es importante tener una buena base en cultura.

Me parece que, si es una reglamentación seria, si ayudaría. Porque si es poco seria ú obsoleta como la antigua tarjeta del periodista no ayudaría para nada. Yo conocí en aquella fiebre de la tarjeta del periodista que hasta los ‘carretilleros tenían tarjeta de periodista.

Dirigí 20 años -Pase la Tarde con Caracol-, que fue el programa proporcionalmente de más sintonía que tuvo Caracol en Colombia y que se hacía en cada capital. A mí me ofrecían a cada rato la tarjeta de periodista y yo siempre la rechacé. Yo tenía dos licencias la de radio y la de televisión, recuerdo que mis examinadores fueron Hernán Castrillón Restrepo, su esposa y Alberto Piedrahita Pacheco.



Tuvo ofertas de trabajo para salir de Pereira, pero no aceptaba. ¿Por qué?


Así es, yo tuve varias ofertas. En el año 75, Germán Tobón Martínez intentó llevarme para la dirección de La Voz de Bogotá, en ese entonces yo estaba muy joven y dado de que mi esposa sufre de asma crónica y no puede vivir en una ciudad con tanta altura como Bogotá, decliné de esa propuesta


En el 99, cuando Hernán Peláez Restrepo, era director de Caracol Bogotá, le encargó a Dagoberto Puello servirle de puente para que yo hiciera parte de su nómina y acepté, pero una vez me llegaron los pasajes dije que no, por razones de peso, a causa de la salud de mi esposa.

Recientemente colegas que me han visitado me decían lo bien que me hubiera ido en Bogotá, comparándome con otras personalidades de la locución, al decirme que era mejor que ellos. Pero para mi todo es cuestión de decisiones y yo los respeto a todos.

Le voy a contar una anécdota. Cuando el doctor Mauricio Prieto fue presidente de Caracol, antes de la huelga, un gran ejecutivo que infortunadamente no manejó bien la huelga, el que hacía Pase la Tarde en Medellín era Baltazar Botero. A mi me llamó el doctor Prieto desde Bogotá para comprometerme en Medellín para reemplazar a Baltazar Botero quién tenía intenciones de irse. La condición era que él iba a tratar todo lo posible de retener a Botero, pero en caso de que no pudiera, yo era quién tomaría su puesto y tenía que aceptar porque y si no me despedía a mí. La verdad, a mi si me sonó la idea porque Medellín siempre me ha encantado, yo soy de raíces paisas, pero finalmente el Dr. Prieto pudo retener a Baltazar Botero.



“A la radio nadie le va a quitar el lugar que ha tenido.”

José Alberto Giraldo Restrepo (izq) con su hermano Jesús Giraldo Restrepo en Todelar.



Trabajó en RCN, Caracol y Todelar. ¿Cuáles son sus palabras para describir cada una de estas empresas?


Le cuento que estuve de paso por Radio Súper. Yo me fui a pasar unas vacaciones a Medellín y mi hermano era director de Radio Súper y me sugirió estando allí hacerle unos reemplazos a Hammer Londoño para que se dedicara solo a las transmisiones de fútbol con Iván Mejía. Allí estuve por espacio de 20 días.


Todelar fue como mi primera novia. Yo amaba a Todelar. Trabajé como un novato y como un locutor con cierta experiencia. Me tocó la época en donde Todelar era la mejor cadena radial de Colombia.


En RCN, mi paso fue de dos años y medio. Era una radio modesta. No era la RCN rica de hoy en día, la de Ardila Lule, pero siempre muy importante como cadena radial.


Caracol fe la última gran empresa en donde trabajé por espacio de 28 años y medio y me trataron muy bien. Me propusieron quedarme más tiempo, pero yo ya estaba cansado.

Para resumir, las quiero mucho a las tres, pero sobre todo a Todelar que ya desapareció. Prácticamente ya no existe.


Sus dos locutores preferidos con Eduardo Aponte Rodríguez y Julián Ospina. ¿Qué palabras les quiere dedicar en esta entrevista?


Así es. Para mi Julián Ospina es el más grande locutor que ha dado no solo Colombia, yo diría que Hispanoamérica. Dotado de una voz bellísima y gran cultura. Dejó un gran legado. Es una lástima que existan tan pocas grabaciones de su trabajo. Para mí, fue el primer locutor y el más grande que tuvo Colombia.


Eduardo Aponte Rodríguez fue mi inspiración para leer noticias. Es un locutor que saborea la noticia con un timbre de voz hermosísimo.

Y no puedo pasar por alto a Armando Osorio, que es un caso aparte. Fue una institución en Ultima Hora Caracol.

Obviamente hay más nombres, te puedo citar un Manolo Villareal, Eucario Bermúdez, Teresa Gutiérrez, un Alfonso Lizarazo y la cuenta no finaliza ahí. Colombia ha sido tierra de grandes locutores.


En los Juegos Panamericanos de Pereira en 1971 usted se ofreció a recibir la llama Olímpica. ¿Nos recuerda esta anécdota?


Resulta que, a todos los grandes locutores de experiencia, Antonio Pardo García, los utilizó en Todelar porque este era el evento deportivo más importante jamás realizado en Colombia en toda su historia y la llama Olímpica pasaba por Pereira rumbo a Cali.


No había un locutor que la recibiera y yo le propuse a don Álvaro Escobar Mejía, que yo lo hacía. A él no le gustó mucho la idea porque yo era muy joven y a regañadientes aceptó diciéndome que si la cagaba me echaba. Yo todavía conservo un libro que se llama El Deporte Indígena en América de Hugo Ángel Jaramillo y en aquel entonces me pase la noche anterior leyéndolo e informándome sobre la historia de la llama Olímpica. Al día siguiente en el Colegio La Salle fue a recibir la llama Olímpica y Antonio Pardo García fue la persona que me dio cambio para la transmisión que era a nivel nacional.

Mis nervios y mi miedo me inspiraron tanto que hice una descripción perfecta de lo que era la historia de la llama Olímpica. Cuando regresé a la emisora, Álvaro Escobar Mejía, estaba feliz porque había recibido una llamada de Antonio Pardo García, felicitándolo por mi intervención. Yo siempre he sido atrevido.


¿Qué significa el programa Pase la Tarde en su vida y carrera de locutor?


Significa mucho porque ahí es donde yo hago una síntesis de lo que debe ser un buen locutor. En todas las entrevistas que a mí me han hecho, siempre he dicho que un buen locutor no es aquel que tiene una voz para enamorar mujeres, un buen locutor es aquel que tiene una agradable voz con la cabeza llena de conocimientos.


En el año 75, yo estaba trabajando como promotor y vendedor en Discos Orbe y el gerente de Caracol en Pereira me llamó ara que leyera noticias. A mí no me gustaba mucho la idea porque no tenía experiencia en la lectura de noticias y además estaba a gusto viajando por Colombia.

Pese a esto iba esporádicamente a leer noticias. En algún momento a mí me iban a mandar para Caracas y yo tengo el pánico más horrible a montar en avión, entonces acepté quedarme en Caracol, pero resulta que lo de leer noticias era una especie de gancho porque lo que querían realmente era que yo me encargara de dirigir Pase la Tarde.


Cuando Alberto Suarez, gerente de CBC, se dio cuenta de que yo me salí de Discos Orbe me llamó y me ofreció trabajo, preguntándome cuanto quería de sueldo, pero le pedí un salario muy alto para que no me contratara. Yo quería volver a la radio. Entré en el 81.



Usted ha manifestado que en la radio no hay nada que inventar. ¿En la radio se inventa o se adaptan cosas de una mejor manera?


Pienso que se adaptan cuando es una radio seria y responsable. Hoy en día se inventan demasiadas cosas. En la radio no hay nada para inventar, se puede mejorar en calidad que es otra cosa.


Antonio Pardo García, por ejemplo, era un mago que mejoraba las cosas.

Hay un profesional de la radio, al que creo, no se le ha reconocido como tal su trabajo. En los años 70s, Oscar Rentería Jiménez, en la época en donde no solo en Colombia, si no en otras partes, existían un narrador y a veces un comentarista. Oscar Rentería trajo de Argentina el modelo de como el locutor José María Muñoz, conocido como El Gordo Muñoz, en Radio Rivadavia hacía las transmisiones de radio con la triple presencia, innovando y ampliando los recursos para transmitir un partido de fútbol.

Rentería Jiménez, adaptó este modelo al estilo colombiano, incluso pienso que lo mejoró. Para mí ha sido un gran innovador de la radio en Colombia, así lo haya copiado, pero lo mejoró.



¿Sigue escuchando la emisora cultural Remigio Antonio Cañarte?


¡Claro! Me gusta mucho. Además, es que no hay más para oír. Fuera de las de la capital, noticias y uno que otro programa, infortunadamente considero que hay poco para oír, ahora no hay gente tan capaz como antes.



¿Y cómo ha estado de salud?


Recientemente en Pereira, estuvieron celebrando los 90 años de la radio en Colombia, y yo era uno de los panelistas, pero he estado más bien delicado de salud y no pude ir.

Cuando yo me jubilé, hacía un programa en una emisora de Todelar, en Radio Matecaña, que ya desapareció. El programa se llamaba Aromas del Recuerdo. Tenía bastante sintonía y yo utilizaba mi propia música.

Para hacer ejercicio, me iba caminando hacia la emisora, todavía estando muy oscuro. En una de esas, alguien quiso atracarme y yo me defendí, pero otros tres malhechores que lo acompañaban me atacaron y yo me enfrenté a ellos. Estoy vivo de milagro porque recibí 14 puñaladas. Después de esta experiencia no volví a ser el mismo.


Agradezco siempre la respuesta que recibí a través del cariño de la gente. La radio y la prensa en Colombia fueron muy solidaria conmigo. Yo he gozado de mucho cariño aquí en Pereira.


¿Qué es la radio para José Alberto Giraldo Restrepo?


La radio es un estilo de vida. Yo puedo morirme ahora o mañana, cuando Dios quiera, y voy a morir feliz, porque cuando uno ha podido trabajar en lo que ama es una bendición. Creo que trabajar en lo que a uno no le gusta, es un martirio.



¿Le gustaría dedicarse a escribir sus memorias en su carrera como locutor?


La verdad no. Junto a un joven locutor queremos sacar un libro sobre la historia de la radio en Pereira o del Eje Cafetero. Tengo excelente material fotográfico y escrito. Pereira en los años 40s y 50s fue un verdadero epicentro de la historia de la radio en nuestro país.

Pereira fue una meca de grandes locutores y fue una especie de brújula de la radio colombiana. En esta ciudad debutaron personalidades como Carlos Arturo Rueda, Los Hermanos Tobón Martínez, Gabriel Muñoz López y más.



Muchas gracias.


Gracias por esta labor de darle la importancia a la radio. Nadie le va a quitar el lugar que ha tenido.



Quien diga que no le tiene miedo al micrófono es un irresponsable.

José Alberto Giraldo Restrepo.

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Germán Posada es natural de la ciudad de Medellín (Antioquia). Estudió Locución para Radio y Televisión en el Instituto Metropolitano de Educación (I.M.E). 
  
En Medellín colaboró en el programa Buenos Días Antioquia transmitido por la Cadena Colmundo Radio y participó en la animación y programación del programa Mirador Comunitario a través del Sistema Radial K (Armony Records). Ambos bajo la conducción y dirección del Periodista antioqueño Carlos Ariel Espejo Marín (q.e.p.d). 

 

Desde el 2001 reside en la ciudad de Montreal en donde ha participado en la realización y animación de los programas radiales Escuchando América Latina  (CKUT 90.3 FM), Onda Latina (CFMB 1280 am) y La Cantina (CFMB 1280). 
  

 

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