La izquierda a la que muchos colombianos ahora quieren apostarle

Updated: May 7


Gustavo Petro.





Por: Germán Posada



De incautos, ingenuos o inocentes, pudieron haber catalogado una parte de los colombianos a otros compatriotas que se sentían representados por aquel protagonismo que, a mediados de los ochenta, ejercía un joven político (rondaba en sus 50 años), perfilándose como el más fuerte aspirante a la presidencia de Colombia en aquel entonces. Su nombre, Álvaro Uribe Vélez, antiguo director de la Aeronáutica Civil, alcalde de Medellín, senador y gobernador de Antioquia.


El malestar que acechaba a Colombia por parte de grupos guerrilleros era insoportable. La inseguridad, el temor y el miedo a lo largo y ancho del país que ejercían estas organizaciones criminales, eran parte de la cotidianidad y ser víctima de un secuestro, solo por mencionar una de sus fechorías, hacía que la vida se tornara en caos, desesperanza y sin futuro.


Se vivía un momento profundo para los colombianos en el que era clave y prácticamente imprescindible, un personaje de las características de Álvaro Uribe Vélez, que con mano dura y férreas acciones, comprobara con hechos, aquella lucha infalible en contra de la guerrilla, una plaga atroz que destruía y carcomía el país con sus acciones delincuenciales.

Álvaro Uribe Vélez, era el hombre del momento y como tal, fue elegido el presidente de Colombia. Su política en contra de la guerrilla se hizo notoria y la tranquilidad y el sosiego en el país, sino en su totalidad, se sentía y se disfrutaba. Pero no era suficiente un periodo de cuatro años, la tarea apenas estaba a medio camino y un segundo mandato daba la esperanza de amenguar mucho más el poder que todavía seguía ejerciendo la guerrilla. Entonces, fue así, sin mucho esfuerzo -como se dio que por primera vez en el país- un mandatario fuera reelegido para un segundo periodo.


Lo que vino después ya es de conocimiento general, o por lo menos, de casi todos. Aparecieron los famosos Falsos Positivos, unas acciones, si se quiere, no menos horripilantes que las ejercidas por la guerrilla y que marcarían para siempre en los colombianos, el accionar de una administración enlodada, sin ningún asomo de ética, deteriorada, servil e inescrupulosa.


El tiempo pasó y con él, otras generaciones crecieron al ritmo de los cambios que todas las sociedades traen con el transcurrir de los años. Esta nueva población se movía al ritmo que la tecnología les mostraba y a su pensamiento, de alguna manera más liberal, se sumó también un ávido deseo de cambio y transformación. Un cambio quizás como aquel, que hace dos décadas atrás, los colombianos clamaban.


Hoy, a ese anhelo de cambio, al que muchos colombianos le están apostando, también tiene un portavoz. Gustavo Petro, es, ahora el hombre, el líder en el que esa nueva generación se ve representada. Atrás ha quedado su pasado como ex integrante del Grupo Guerrillero del M-19, aquella banda al margen de la ley, que se tomó las instalaciones del Palacio de Justicia a finales del 85. Para quienes se identifican con Gustavo Petro, poco o nada importa si el ex guerrillero formó parte de aquellos de los que protagonizaron aquel hecho oscuro y doloroso para Colombia. Muchos quizás, ni conozcan lo sucedido.


Menos les importa, si el hombre con su discurso populista de igualdad para todos, se viste de seda y vive con su familia en medio de lujos y opulencias, que la gran mayoría de sus partidarios, jamás alcanzaran. Tampoco importa el conocer -así sea a vuelo de pájaro- otros modelos de mandatarios que, en su momento también tuvieron el mismo discurso en sus respectivos países, que lograron convencer, se posesionaron y se hicieron millonarios junto a sus cercanos, mientras que sus votantes más empobrecidos, siguen clamando la prometida equidad.


Nada, absolutamente nada de esto importa, porque aquella vieja y desgastada prédica, aquella que en toda su historia no ha cumplido, que se ha corrompido y enriquecido a sus anchas, que ha desgastado el sistema judicial, que hasta irónicamente ha logrado ser premiada por una tal Suecia, ya no convence. No logra encajar en una generación que no come de cuento, pero que también se traga el cuento.


Poco importó la suerte de aquellos miles de colombianos inocentes que fueron masacrados durante aquel histórico primer mandato de ocho años, finalmente en un país en donde la memoria a veces es floja, la suerte de aquellos estaba echada y la suerte de los otros, era otra. De alguna manera algo había cambiado y no en todas partes el bienestar estaba comprometido.


No se sabe todavía si esta vez Gustavo Petro será elegido el nuevo presidente de los colombianos. Muchos aseguran que sí, por lo menos eso creen sus seguidores. En este momento crucial para Colombia, está por resolverse, esta vez, si gana aquel que con su antigua retórica ha logrado afianzarse en el poder desde una extrema derecha, o si por primera vez, logra aquel con su elocuencia populista, convencer y gobernar, desde una extrema izquierda.

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Germán Posada es natural de la ciudad de Medellín (Antioquia). Estudió Locución para Radio y Televisión en el Instituto Metropolitano de Educación (I.M.E). 
  
En Medellín colaboró en el programa Buenos Días Antioquia transmitido por la Cadena Colmundo Radio y participó en la animación y programación del programa Mirador Comunitario a través del Sistema Radial K (Armony Records). Ambos bajo la conducción y dirección del Periodista antioqueño Carlos Ariel Espejo Marín (q.e.p.d). 

 

Desde el 2001 reside en la ciudad de Montreal en donde ha participado en la realización y animación de los programas radiales Escuchando América Latina  (CKUT 90.3 FM), Onda Latina (CFMB 1280 am) y La Cantina (CFMB 1280).