German Tessarolo: “Uno no es de donde nace si no donde se siente bien”

Updated: Mar 29, 2020

Para hablar del Maestro Germán Tessarolo hay que incluir varias cosas a la vez: rebeldía, desapego, aventura, noche, bohemia, pasión, desnudos, arte, pintura, religión, cigarros, colores, libros, montañas, café, alcohol, paz, gastronomía, espiritualidad, tango, soledad, filantropía, amor, solidaridad, unión, palabra, poesía. Germán Tessarolo es un artista sin límites y fue un rebelde con causa. Sus intenciones a muy temprana edad de quererse convertir en pintor tomaron vuelo cuando apenas era un adolescente. Inmigrar, conocer otros lugares, otra gente, vivir su propia vida, desplegar su talento, maravillarse con su arte, fue quizás la decisión correcta de su vida, aquella que también fue incorrecta para su familia y sobre todo para su padre. “No soy de aquí ni soy de allá” dice la canción de Facundo Cabral y tal vez podría aplicarse a la vida de este pintor que nació en Italia y se crió en Argentina, pero hace medio siglo escogió y se instaló en Colombia como su país de adopción porque su filosofía es que uno no es de donde nace si no donde se siente bien. Esta entrevista es tan sólo una pincelada en la exuberante historia de este reconocido artista.


Germán Tessarolo. Foto: Gerardo Gómez



Por Germán Posada



G.P. : ¿Cómo fue haber crecido y vivir la juventud en Argentina?

G.T.: Fue una época bonita. Con muchos cambios de presidentes pero un ambiente muy agradable. No había todavía ese despelote que se descolgó después pero era un país muy chévere, muy alegre. Yo nunca me pude adaptar muy bien. Nunca me gustó mucho pero lógicamente viví una niñez y una adolescencia con mis amigos muy bien. Rumbeábamos, se trabajaba. Había otra calidad de vida. Ahora no sé cómo estará esa parte porque yo ya vivo acá hace 50 años. Te podrás imaginar que ni idea.


G.P. : ¿Por qué quiso volver a Italia a los 17 años?

G.T.: En esa edad uno quiere buscar muchas cosas. Quiere ver otras opciones. Yo estaba pintando. Trabajaba en publicidad. Modelaba. Allá tenía amigos que estaban un poco en lo mismo y me metí en esa amistad con ellos y casi que vivíamos todos juntos en el mismo edificio. Hacíamos de todo un poco pero fue una etapa muy linda. Muy chévere.

Un poco la época de la “Dolce Vita”, de Mastroianni, de Fellini. Todas esas películas que se realizaban en esa época. Buena música. De noche todos los bares que estaban al lado del edificio llamado El Panteon Romano en donde se reunían los senadores.. Era una época tranquila, lo único peligroso era que de noche no podías parar en los semáforos en rojo. Tenías que seguir porque ahí nadie paraba. Nadie respetaba los semáforos. No podías parar. Era una época en la que no había tecnología pero había diversión. La rumba era más sana. También era mucho más barato vivir allá. Todo se vino abajo con el tema de la Comunidad Europea pero si no era un vividero fabuloso.

G.P. : ¿De hacer dibujos animados, trabajar en publicidad y modelar que le dejó los recuerdos más especiales en su vida?

G.T.: Las agencias de publicidad estaban todas en Milán entonces pasábamos bastante tiempo en esta ciudad bastante polucionada. Estaban todas las agencias más importantes y los diseñadores. Allí desfilábamos.

¿Qué me recuerda todo esto? O sea la época tan chévere que nunca nos cansábamos. Éramos muy jóvenes. Inmortales. Todo el tiempo de un lado para el otro. Todo muy bien. A veces la familia de alguno de los chicos nos invitaban a cenar y preparaban una spaguetata o una rabiolada de esas echa en casa en unas mesas inmensas y todo el mundo echando harina en los rabioles. Fue genial. Una época hermosísima.


G.P. : ¿Por qué era el hijo preferido de mamá?

G.T.: Con mi padre siempre tuve problemas. La relación de mi hermano con mi padre era mucho mejor que la que yo tenía con él. Mi padre era una persona muy autoritaria. El quería que yo fuera a trabajar al banco como él. Intentó como artista, esto y lo otro y terminó en un banco y quería que yo hiciera lo mismo. El no se tuvo fe como artista. Vivió frustrado con ese tema. Esto generaba muchas discusiones entre ambos pero yo a los 15 años me fui y se acabó.

Yo era el preferido de mi mamá porque era el mayor. Mi hermano ya partió con el Señor. Con mi mamá tenía una relación muy linda, muy especial. Pasaron diez años desde mi partida en los que mi madre casi no sabía de mi y cosas por el estilo. Son cosas de la vida. Una familia bastante disfuncional. Mi mamá era una mujer muy amorosa. Una napolitana a carta cabal pero con mi padre era una situación bastante complicada. Recuerdo que ponía una pista y se dedicaba a cantar los fines de semana y se sentía Caruso en el comedor de la casa. Vivía su fantasía de esa manera. En esa época ser artista, ser pintor era un submundo. Era una cosa de locos, muy mal vista. Era asociar las convivencias con las mujeres, la bohemia, la mala vida, el trago.


G.P. : Usted tiene un hijo. ¿Quisiera compartirnos cómo es su relación con él?

G.T.: Somos amigos. Hablamos de todo tipo de cosas. Es un muchacho muy sano. Muy querido. Tranquilo. Hace su vida en Miami en donde trabaja y estudia. Nos vemos continuamente gracias a la tecnología. Cuando era pequeño yo lo llevé un par de veces a Buenos Aires y mi papá lo conoció y lo trataba de una manera muy especial como me hubiese gustado que me tratara a mí.

Creo que a cada uno le toca como le tocó. De pronto pudo haber sido peor o mejor. No sé. A mí me tocó vivirla de esa forma y así se escribe la historia.


G.P. : ¿Ahora más tranquilo como analiza aquellos tiempos de loca juventud, de desprendimiento familiar?

G.T.: Bueno, es como se dice en las misas, es justo y necesario esa etapa de búsqueda y de desasosiego porque después empieza una tranquilidad, una calma, se empieza a madurar la obra.

En fin. Aunque uno muchas veces es muy inquieto, juguetón, pero en el trabajo siempre hay que seguirla luchando porque es tu desafío. Lo peor que tú puedes hacer es quedarte con la vaca atada. Cuando ya pensás que tenés la vaca atada ahí empezás a perder porque ahí se acaba la creatividad y se acaban muchas cosas.  Hay que estar creando todo el tiempo.

Es como en tu trabajo, en la locución se está creando todo el tiempo. Enganchando nuevos oyentes a través de esa magia que produce la radio.


G.P. :¿Para usted fue realmente claro que lo que quería hacer en su vida era pintar?

G.T.: Si. Así es. Esa La tenía muy clara pero mi papá no tanto y él quería que yo tuviese una carrera más digna, más seria, más segura. Entonces muchas veces la seguridad te corta las alas. La seguridad no te hace feliz. Claro está la cuestión de la incertidumbre que es otro precio que tenés que pagar pero por lo menos tenés más tiempo para crear y si uno es disciplinado y trabaja encontrás tu propio estilo y se empieza a agarrar velocidad. No me arrepiento en nada en cuanto a lo que he hecho en mi trabajo.

Todavía hago cosas en publicidad. Hago talleres de Arte Terapia . Diseño campañas publicitarias para laboratorios pero me divierto porque yo le meto arte a todo.

G.P. : ¿A quién considera cómo su modelo en la pintura?

G.T.: En Colombia siempre me gustó mucho Obregón. Para mí el pintor del trópico ha sido Obregón. Nos conocimos, fuimos amigos en una época. Para mi es quién tiene la magia en la pincelada en Colombia. También me gusta la obra de Enrique Grau.

Tengo empatía con varios artistas del exterior, uno de ellos es el francés Bernard Buffet.


G.P. : ¿Qué nos dice de su buen amigo Julio Cesar Luna ahora que está interpretando tango?

G.T.: Bueno. Hay tangos que los canta muy bien y les pone mucho sentimiento. Para mi sigue siendo una sorpresa que él se dedicara al tango. Yo pensé que al principio lo hacía como por molestar pero luego pude ver que lo hacía de una forma muy profesional, muy seria y muy bien, es muy válido. Tiene la voz, tiene la personalidad, tiene el aspecto del Milonguero viejo. Me parece divertido. Chévere. Se ha presentado en centros comerciales en ocasiones especiales y tiene sus seguidores.


G.P. : ¿Por qué lo atrapó Colombia?

G.T.: El clima de acá que nunca hay invierno. Vivir entre las montañas me parece muy simpático. Las comidas, los olores, la gente, el café. Recuerdo que cuando llegué a Colombia tomaba grecas de café al día y fumaba mucho cigarrillo.


G.P. : Usted ya hizo historia en Colombia por haber sido el primer modelo en posar desnudo. ¿Qué opina al respecto?

G.T.: Eso fue en el año 1976 era la época del destape, de la locura. Fue para una revista en donde salieron varias fotografías prácticamente desnudo y fue el comienzo también para que otras personas empezaron a salir en revistas haciendo lo mismo.

Se dio en otras partes del mundo. ¿Por qué no en Colombia?


G.P. : Estuvo casado con la actriz Amparo Grisales. ¿Quién fue Amparo Grisales en un momento de su vida?

G.T.: Una persona que conocí, que tuvimos una relación y como todas las cosas empiezan y terminan. Cada unos estaba en su carrera, en su camino y hay que respetarlo. No duró mucho pero forma parte de un tiempo, de un recuerdo.

“Uno no es de donde nace si no donde se siente bien.”

Germán Tessarolo en su estudio. Foto archivo personal.

G.P. : ¿Desde el momento en que se identificó con la religión evangélica hasta la fecha que siente de esta otra experiencia de vida?

G.T.: Estuve en el evangelio treinta y cinco años. Un día hace un año más o menos volví nuevamente a la religión católica. Un día salí de una congregación y sentí un gran vacío, algo que no entendía por qué a la madre de Jesús en las iglesias cristianas no la nombraban mucho. Me rebelé y volví nuevamente al catolicismo. Soy de familia católica, apostólica y romana. Tengo familiares, parientes que han sido cardenales y siempre en la familia habían visitas de sacerdotes los fines de semana, incluso monseñores en casa de la abuela.

En ese regreso me encontré en paz y tranquilidad. Incluso tengo amigos evangélicos y pastores, entre ellos el actor Moisés Angulo.

G.P. : El haber superado su adicción al alcohol y vida de bohemia usted lo considera como un milagro ¿Por qué?

G.T.: Porque uno se cansa de todo y si uno no sale de eso en un momento dado quedas atrapado en ese medio y ya después es tarde.

Fue un tiempo de unas tres décadas. Lo importante es que logré salir de esto y volví a hacer la maleta.