El Indio Rómulo: “Mi legado es amor a Colombia”

Updated: May 8, 2020

Hacer remembranza de “El Indio Rómulo” es hacer patria. Es retroceder en el tiempo y vivir muy intensamente momentos imborrables de nuestra memoria cuando desde niños escuchábamos aquella extraordinaria y maravillosa voz campesina que declamaba con toda la gracia y la fuerza de su alma aquellos épicos poemas que nos conmovían hasta lo más profundo de nuestro ser.

Con más de ocho décadas a cuestas y con el trajín que sólo tienen los grandes hombres, la vida de “El Indio Rómulo” sigue su paso sin parar llevando a cada rincón de Colombia aquellos poemas rústicos, campesinos o costumbristas, como así se les ha querido nombrar y proclamando con su infinita energía, paz y amor a nuestro terruño.

¡Venga pues mi campesino boyacense!  ¡Acérquese no más mi querido Indio Rómulo! Siéntese que ya la romería comienza y todos junticos queremos saber de qué va a hablar.


El Indio Rómulo. Foto Caracol Radio.


Por: Germán Posada


G.P.: ¿Cómo recuerda su época escolar en la que declamaba?

I.R.: Era una época muy linda que siempre estoy recordando en cualquier espectáculo o escenario donde me paro. Yo a los cinco años ya estaba declamando. Recuerdo que en la iglesia yo cantaba más que declamar pero llegó un momento en que mi abuelo me regaló un poema titulado “José Resurrección” y yo me lo aprendí y declamándolo me comenzaron a exhibir como cualquier artista. De manera que mi vida artística digamos que nació hace mucho.

Luego estudié teatro. Después vino la televisión. Tenía memorizados tres poemas y esto le gustaba mucho al público. Los tres poemas que comencé a declamar eran “José Resurrección” “Quereme Chinita” y “La Vuelta al Pueblo”. Todo esto fue en mis inicios con el seudónimo de “El Campesino Boyacense”. Luego trabajando con Monseñor Salcedo en Radio Sutatenza.

G.P.: ¿Hasta qué grado alcanzó mientras estuvo en el ejército?

I.R.: Cuando yo llegué al ejército llevaba los tres poemas  y mi voz era muy bonita según la época y no solamente cantaba si no que declamaba estos poemas y allí me distinguí porque me ascendieron a dragoneante a los tres meses de mi servicio. Mi letra era muy bonita y en esa época no había mucha máquina de escribir. Yo quise seguir mi carrera militar porque me gustaba mucho pero el arte y el teatro eran más importantes. De manera que no seguí la carrera militar  y me salí. Luego ingresé a estudiar teatro en Bogotá.

G.P.: Qué recuerdo tiene de su incursión en la primera transmisión televisiva de Colombia?

I.R.: En la época en la que comencé a trabajar como declamador en la televisión la presidencia de la republica me regaló un espacio de tiempo y apareció en la pantalla de la televisión un programa que se llamó “Romerías del Indio Rómulo”  ambientado con un bambuco, un pasillo, un torbellino, una cumbia, un baile y un poema de “El Indio Rómulo”. Este programa rápidamente se dio a conocer porque como no había si no un solo canal de televisión y mi personaje se hizo muy popular.

G.P.: ¿Cuánto tiempo duró con el seudónimo “El Campesino Boyacense”?

I.R.: Me llamé “El Campesino Boyacense” hasta que le hice un recital al ex presidente Guillermo León Valencia en Radio Sutatenza, en ese entonces trabajaba con Monseñor Salcedo que era dueño y fundador de esta radio que se convirtió en una cosa muy linda que se hizo en Colombia que se llamó “Escuela Radiofónica de Radio Sutatenza”.

 “Yo creo y estoy seguro que el legado que yo con mi personalidad les dejo, es uno sólo que es AMOR A COLOMBIA.”

“El Indio Rómulo”. Foto cortesía: Universidad del Tolima, y la Fundación Abrapalabra,


G.P.: ¿Por qué el ex presidente Guillermo León Valencia le sugirió el seudónimo “El Indio Rómulo”?

I.R.: Trabajando con Monseñor Salcedo se programó una presentación para que el presidente de la época  Guillermo León Valencia  fuera a Radio Sutatenza y era sobre todo para que el conociera mi trabajo. Lo conmoví en tal forma con uno de los poemas “bravos” de mi repertorio que se llama “Hágame una carta” de María Ofelia Villamizar, que es la historia del campesino que sufre fuerza de la violencia. Me metí con tal fuerza en ese poema que le saqué las lagrimas al presidente y cuando terminé comenzó a apretarme contra él y yo sentía que él estaba sollozando, en ese momento Monseñor Salcedo se le acercó y el presidente le dijo: “Las felicitaciones no son para Rómulo son para ti Monseñor por tenerlo en la institución y de hoy en adelante se va a llamar “El Indio Rómulo” porque me va a representar en el mundo entero”. Ese fue el día que me bautizó.  Allí estaba la prensa y la radio y al otro día aparecí como “El Indio Rómulo de Colombia”. Después me mandó a hacer una gira por muchos países y fue algo extraordinario.

G.P.: ¿De cuantos municipios alcanzó a ser alcalde?

I.R.: Después de que inauguré la televisora ya tenía unos quince poemas porque me encontré con un escritor boyacense, Julio Roberto Galindo, que me ofreció algunos de sus mejores poemas y esto reafirmó que “El Indio Rómulo” era un gran declamador y con estos poemas comencé a recorrer el país y el mundo. Yo quería empaparme más de cómo era el campesino y acepté la alcaldía que me ofrecieron en Monguí. En ese entonces tenía 22 años. Allí, fuera del personaje comencé a trabajar por mi pueblo porque lo adoro y la gente me adora a mí. Comenzamos a hacer obras y tuve un respaldo total del pueblo. Después un senador de la republica de apellido Martínez y que era de Mongua al darse cuenta que yo le había puesto luz a Monguí sugirió que yo fuera a gestionar también la luz en Mongua y así me nombraron alcalde de este municipio. Fue así como me comenzaron a llamar “El Alcalde Luz”. Allí dejé mi gestión iniciada porque no alcancé a inaugurar la luz porque un boyacense, el Dr. Eduardo Caballero Calderón, tenía mucha sintonía con un programa radial llamado “Contrapunto” y compró una hacienda pequeña en Tibasosa y movió “palancas” para que me trasladaran allí. Yo fui un “lagarto grande” de esos que se metía a donde fuera y pedía a quién fuera lo que se necesitara.

En el Valle de Tenza, habían comenzado a construir una avenida y con la llegada de Monseñor Salcedo me invitó a la emisora para trabajar a su lado en Acción Cultural Popular y en un periódico que no era vendible que se llamaba  “El Campesino”. Yo no mostré muchas ganas y le dije que apenas estaba comenzado. El me preguntó que cuando ganaba como alcalde y le respondí que 380 pesos mensuales a lo que él me ofreció 1.000 pesos y eso era mucha plata en ese entonces. El trabajo cultural y el pago me motivaron y así me convenció. En el periódico yo escribía  el poema que iba a declamar el domingo a las 6 y que llegaba a todos los rincones de Colombia porque el cura párroco de cada pueblo lo hacía conocer.

G.P.: ¿Qué le dejó la experiencia de trabajar en política?

I.R.: No fui político en sí. En mi pueblo no hubo violencia. Cuando a mi me nombraron alcalde había una cosa en ese entonces que se llamaba cabildo y era que la gente salía de la misa mayor y pasaba para la alcaldía para hablar con el alcalde de las tareas que debían hacerse en el pueblo. El domingo que tomé posesión le dije al pueblo: “queridos paisanos a partir de hoy en este pueblo se olvida que es política, aquí no hay ni liberales ni conservadores, aquí todos somos hijos de Monguí y vamos a trabajar todos juntos y las obras que yo vengo a hacer las tenemos que dejar hechas”. El que me vuelva  echar un “viva” o un “abajo” a cualquiera de los partidos lo meto a la cárcel. Y comenzamos a trabajar mijito con ganas, con verraquera. Yo tenía un presupuesto de 19.500 pesos al año. Prohibí la venta del trago y la cerveza en el pueblo y comencé a hacer chicha en la alcaldía que no me costaba un centavo porque me regaban el maíz y la panela y los muchachos me traían la leña y era dirigido por mamás que habían manejado la chicha por más de tres décadas. Toda la plata la cogía un gran hombre conocido como “El Chucho”  quien la administraba muy bien y gracias a esto pusimos la luz. Construimos el hospital, el colegio José Acevedo y Gómez. El pueblo quería que llevara mi nombre y yo no dejé.

G.P.: ¿La clase política colombiana permaneció estable, mejoró o empeoró?

I.R.: Con mi personaje personalmente no hablo de política. A mí me llaman los unos y los otros y todos me pagan y a todos les sirvo lo mismo. Ni hablo mal ni bien de los políticos. Soy apolítico.


G.P.: ¿A quién destacaría en Colombia cómo un buen locutor declamador?

I.R.: Recuerdo muy especialmente a Juan Harvey Caicedo, tenía una voz muy bonita. Henry Pardo Mateus me hace la voz en la introducción del poema San Antuquito.

G.P.: ¿Cuántos poemas son de su autoría?

I.R.: Son muy pocos. De unos 156 que tengo en la cabeza, unos veinte son míos.  “Porqué no tomo más”. Es un poema argentino pero yo lo acople a mi personaje e inclusive le quité algunas palabras argentinas y las puse muy colombianas”.

G.P.: ¿Los memoriza todos?

I.R.: Todos. Grabados en los 12 discos que tengo y suman 140.

G.P.: ¿Llegó a sentir en algún momento qué la fama le quitaba la humildad de aquel campesino boyacense?

I.R.: No. Nunca se me han subido los sumos. Nunca en la vida. Sigo siendo el mismo Rómulo Mora Sáenz. “El Indio Rómulo” sencillo, luchador, verraco y entregado completamente al público. Sobre todo cuando estoy en los colegios les inyecto a los muchachos el colombianismo a las buenas o a las malas. Así que cuando yo termino un recital en un colegio y que han conocido todas las facetas de los poemas, los dejo eructando a colombianismo. Tengo satisfacciones grandísimas, de gente grande e importante que me abrazan y me dicen: “Rómulo te debo mucho porque cuando niño me hiciste querer a Colombia y hoy soy el presidente de la República, o soy el ministro tal”.  Todo eso me llena de satisfacción.

G.P.: ¿Qué significó en su carrera el premio “Vida Palabras”?

I.R.: Extraordinario. La Universidad del Tolima y la Fundación “Abra Palabra” me lo dieron con tanto bombo, con tanta energía, con tanto amor y yo lo recibí tan bien, en un teatro lleno de gente importantísima y en donde me entregué total haciéndoles un recital del otro mundo. Cuando yo tengo el entusiasmo y libre de todos los cansancios me entrego con todo para declamar mis recitales y me siento orgulloso de ser quien soy y le doy gracias a Dios por tenerme todavía como estoy, con estos poquitos años que tengo y sentirme como un muchacho de 25.

 “Nunca se me han subido los sumos. Nunca en la vida. Sigo siendo el mismo Rómulo Mora Sáenz. ‘El Indio Rómulo’ sencillo, luchador, verraco y entregado completamente al público”.

El Indio Rómulo. Foto El Tiempo.


G.P.: ¿Tiene autores en particular qué le gusten más para sus declamaciones?

I.R.: No tengo preferencia en cuanto a la poesía. Las poesías de Julio Roberto Galindo son extraordinarias todas. Las del Dr. Antonio Morales, son lindísimas, todos los poetas que han escrito para mí son iguales. No tengo un poema que diga este es el más. No. Ninguno. Cada uno tiene su mensaje y me voy entregando a él y voy entregándole al público el mensaje que lleva el poema.

G.P.: ¿De quién considera qué heredó su talento como declamador?

I.R.: Mi abuela materna Carmen, ella escribía cosas bonitas pero ella no sabía que era poesía, simplemente las escribía. Lástima que en un incendio se quemó todo esto. Mi papá fue un gran artista, un músico, tocaba, tiple, violín, guitarra, él era el corista del pueblo. Me parece que el talento artístico viene de mi papá.

G.P.: ¿Qué tanto le sirvió haber estudiado teatro para declamar poesías?