Cristina Uribe: “Uno no debe olvidar por qué está aquí y qué es lo que quiere”

Hay quienes consideran que inmigrar no es para todos. Y tal vez no se equivocan. Cambiar casi que por completo un estilo de vida de un país a otro no es tarea fácil. Poder ejercer la profesión que se adquirió en el país de origen es uno de los retos, entre otros, de los más importantes en poder lograr en el país de adopción.

La Comunicadora Social, Cristina Uribe decidió hace 15 años dejar su adorada Cali y establecerse en la ciudad de Montreal. En esta ciudad, Cristina percibió con el paso del tiempo que no necesariamente para gozar de una buena adaptación, tenía obligatoriamente que desempeñarse en lo que había estudiado en Colombia.

Su experiencia mientras aprendía el idioma francés le sirvió para descubrir su pasión por la Lingüística, área en la cual se ha empeñado con tesón y entrega, estudiando, especializándose y desarrollando interesantes proyectos que reconocen y avalan otros profesionales locales.

Cristina Uribe disfruta lo que hace y vive plenamente la vida. Prueba de ello, son sus viajes a través del mundo, los que combina con su nueva pasión.


Cristina Uribe.




Por: Germán Posada




G.P.: ¿En el tiempo de adaptación qué considera fue lo que más difícil de asimilar?

C.U.: Creo que hay muchas cosas que son difíciles y que ese grado de dificultad varía según nuestra percepción de la vida y nuestra experiencia. Yo diría que incluso el tiempo de adaptación varía mucho de una persona a otra. En mi caso, creo que me ayudó mucho la flexibilidad que tengo para adaptarme a las circunstancias. No me enfrenté, por ejemplo, a la dificultad de ejercer mi profesión no porque haya sido fácil sino porque al ver la importancia de dominar el francés para ejercer como comunicadora social y, sobre todo, en el medio de la producción audiovisual decidí dedicarme 100% al aprendizaje del francés y en ese proceso de aprendizaje del francés descubrí una nueva pasión: la lingüística.

Ahora, cuando miro atrás, cuando reflexiono sobre el camino recorrido, me doy cuenta de lo que significa ser inmigrante, de los sacrificios que hacemos, de los desafíos a los que nos enfrentamos, del valor de la disciplina y la perseverancia para alcanzar nuestras metas. Yo diría que el primer y más grande desafío al que nos enfrentamos es apropiarse de la lengua de la sociedad de acogida, en este caso la lengua francesa.

Estudiar o hacer cualquier actividad en una lengua diferente a nuestra lengua materna representa un desafío extra. Por ejemplo, para presentar una entrevista de trabajo no solo tienes que prepararte para expresar con claridad tu experiencia en ese campo sino que además tienes que encontrar el palabra adecuada que quiere decir eso que tú quieres expresar, encontrar la buena estructura gramatical para expresar tu idea sin generar un mal entendido y una vez tienes la palabra y la estructura debes articular todo de manera clara. Y entonces, hacer las actividades que solíamos hacer en nuestro país de origen en nuestra lengua materna (ir al médico, donde el mecánico, al supermercado, hasta ir a un restaurante) nos piden un esfuerzo cognitivo extra.



G.P.: ¿Una vez instalada en Montreal vio posibilidades de ejercer su profesión?

C.U.: No, realmente porque no hablaba ni una palabra de francés y en ese momento me parecía difícil trabajar en comunicación empresarial, en producción audiovisual o en periodismo sin hablar la lengua de la comunidad de acogida. Lo primero que hice fue inscribirme a los cursos de francés, pero al mismo tiempo estaba buscando qué podía hacer como trabajo y fue así como empecé a enseñar español. Enseñando español, encontré una nueva profesión y al terminar mis cursos de francés ni siquiera contemplé la posibilidad de buscar trabajo en comunicación sino que decidí enfocarme en la enseñanza de lenguas. Enseñando español y aprendiendo francés al mismo tiempo me di cuenta aprender una lengua y apropiarse de ella es un proceso mucho más complejo de lo que parece. Decidí entonces volver a la universidad y formarme en ese campo.



G.P.: ¿Y cómo fue este proceso?

C.U.: Me di cuenta que me gustaba enseñar así decidí reorientar mi carrera y cambiar el periodismo por la lingüística. Me inscribí a la maestría en didáctica de lenguas en la UQAM y basada en mi experiencia como estudiante de francés y observando a mis estudiantes de español decidí enfocarme en la pronunciación, en la enseñanza explícita y el aprendizaje de las características de la lengua hablada. Yo me preguntaba ¿por qué aunque conoces la gramática de una lengua la parte oral puede ser tan compleja? Durante mis estudios de maestría, obtuve mi primer trabajo permanente como profesora en secundaria, un trabajo que conservo hasta hoy y que quiero mucho porque aunque ser profesor puede ser muy agotador es también muy gratificante. Como profesor uno puede llegar a tener un gran impacto en sus estudiantes sin importar que sean niños, jóvenes o adultos.



G.P.: ¿A parte de su trabajo como profesora qué estudios en Lingüística realiza actualmente?

C.U.: Después de terminar mi maestría, 4 años más tarde, decidí volver a la universidad para hacer mi doctorado con el objetivo de seguir explorando la cuestión de la pronunciación desde el punto de vista de la fonética perceptiva, acústica y articulatoria. Mi idea inicial era continuar trabajando con los francófonos que aprenden español y alcancé a hacer un primer estudio sobre la influencia de la escritura en la realización fonética de los fonemas del español. Aunque no parece, los francófonos también tienen dificultades de pronunciación cuando aprenden español, para ellos también es más fácil leer, entender cuando la gente habla, que hablar. Los francófonos también tienen un acento extranjero cuando hablan otras lenguas. Así que mi interés era continuar mi investigación de maestría sobre la pronunciación de los francófonos que aprenden español como lengua extranjera en Quebec.

Presentando los resultados de ese primer estudio en un congreso (Acfas) en McGill una profesora me preguntó si me gustaría ir a su clase a hablar del tema a sus estudiantes hispanohablantes que aprendían francés como lengua segunda. Puedo decir que este encuentro me marcó.

La primera pregunta que yo hice antes de empezar a hablar fue ¿a ustedes les parece que es importante enseñar la fonética en los cursos de lengua? ¿Por qué? La respuesta al unánime fue SÍ y cada persona tenía una anécdota para contarme relacionada con su pronunciación en francés. Yo hice mi presentación, pero después del encuentro no pude dejar de pensar en cómo la pronunciación siendo tan importante tiene un papel tan secundario en la enseñanza de lenguas. Después de ese encuentro, y de mucho darle vueltas en mi cabeza, decidí cambiar el enfoque de mi investigación y pasé a trabajar sobre la pronunciación de los hispanohablantes en francés y a eso es a lo que dedico mi investigación de doctorado.

En resumen: Maestría en Didáctica de Lenguas en la universidad UQAM y Doctorado en Lingüística también en la UQAM (en curso).



“Creo que quienes ya hemos recorrido una parte del camino debemos abrirle las puertas a quienes vienen detrás, debemos apoyarnos.”

Cristina Uribe en Benín con estudiantes del grupo Marcellines sans frontières.



G.P.: Dentro de sus proyectos viene desarrollando uno en el que ha participado activamente la comunidad hispanohablante. ¿De qué se trata?

C.U.: Mi trabajo de investigación en el marco del doctorado, le ha dado nacimiento a un proyecto muy bonito que no había visualizado como tal, es un proyecto de transmisión de conocimiento a la comunidad hispanohablante: El taller de fonética para hispanohablantes. El taller de fonética nació como una forma de compensación para los hispanohablantes que participaron en un estudio que hice sobre los sonidos “b” y “v” del francés. Ahora, el taller de fonética es un espacio en que el comparto con los participantes mis conocimientos sobre la fonética del francés no solo como fonetista sino también como hispanohablante que conoce, por experiencia propia, las dificultades a las que nos enfrentamos cuando hablamos francés.

Durante el otoño pasado, pudimos ampliar la cantidad de personas que han podido participar en estos talleres de manera gratuita, gracias a una beca que me otorgó el gobierno y a una estrecha colaboración entre la cámara de comercio latinoamericana y el laboratorio de fonética de la UQAM. El proyecto contó 4 etapas: la creación de material para el taller y para la práctica en línea; talleres de acceso gratuito a 125 participantes; la planeación de conferencias de sensibilización o introducción a la fonética del francés y finalmente la organización de una jornada de reflexión dirigida a los profesores sobre la integración de la pronunciación en los cursos de francés en Quebec.



G.P.: ¿Por qué esa pasión y gusto en profundizar sobre el acento en el idioma francés?

C.U.: Porque cuando reflexiono sobre el proceso de inmigración desde mi experiencia y a partir de las anécdotas de otros inmigrantes me doy cuenta que apropiarse del idioma francés es una pieza clave en el proceso de integración laboral y socio-cultural. Es importante que nos sintamos seguros cuando nos expresamos en francés. Pero apropiarse de un idioma es un proceso en sí, no se trata solo de aprender a conjugar verbos y memorizar palabras. El aprendizaje de un idioma no es solo responsabilidad del estudiante sino también de las instituciones educativas. Los profesores deben estar formados y deben tener las herramientas para ayudar al estudiante a apropiarse de la lengua que está aprendiendo.

Muchas personas al tener dificultad para expresarse en francés empiezan a sentirse inseguras, a dudar a la hora de presentar una entrevista de empleo, a sentir frustración por los problemas de comunicación que pueden surgir en situaciones simples de la vida cotidiana. Creo que a partir de lo que estudio en el campo de la lingüística puedo aportar mi granito de arena a la integración de la comunidad hispanohablante aquí en Quebec. Todavía hay mucho por investigar. La idea es poder compartir mis conocimientos con los hispanohablantes que están aprendiendo francés o que desean mejorar su pronunciación a pesar de que ya hablan la lengua. Además, espero poder aportar pistas para avanzar hacia una enseñanza mucho más eficaz en cuanto al desarrollo de las habilidades de comunicación verbal. Para mí ha sido bastante motivadora la acogida que ha tenido mi trabajo no solo por parte de la comunidad hispanohablante sino también por las instituciones educativas.



G.P.: La comunidad inmigrante latinoamericana en Canadá ha crecido ¿Desde su experiencia como califica la importancia de nuestro idioma español en la Provincia de Quebéc, especialmente en la ciudad de Montreal?

C.U.: El idioma español es muy importante no solo en Montreal sino en el mundo entero porque el español es entre otros la puerta de entrada a la cultura de al menos 20 países que lo hablan como lengua oficial. Desde un punto de vista local, efectivamente la comunidad hispanohablante en Quebec ha crecido y eso implica necesariamente una presencia importante de nuestra lengua en la provincia lo cual despierta también un interés por su aprendizaje. Sé que hay también una admiración por nuestra lengua, muchas personas hablan de la belleza de su melodía. Por otra parte, en el caso de nosotros los inmigrantes el español hace parte de nuestra cultura, nuestra historia, nuestra identidad; por lo tanto, es importante para nosotros tener espacios en los que podamos escuchar y/o hablar nuestra lengua. Que rico es escuchar, leer o apreciar un reportaje, una película, una obra de teatro, etc., en español. Es importante también que existan espacios para que los niños puedan comunicar en español fuera el círculo familiar.



G.P.: ¿Durante estos años de vida en Montreal qué considera ha sido lo que más nos representa como comunidad en esta ciudad?

C.U.: Los latinoamericanos somos personas trabajadoras y muy perseverantes. No solo lo he visto sino que también lo he escuchado de parte de profesores, empleadores y otros profesionales. Yo siempre digo que aunque la pronunciación del francés es difícil algo que nos ayuda mucho es que nos encanta comunicar, interactuar, hablar de nuestros países a quienes no han tenido la fortuna de conocerlos. Nos gusta compartir nuestra cultura.



G.P.: ¿En su opinión, como comunidad cómo podríamos ejercer un mayor protagonismo y más visibilidad de la que se ha logrado hasta ahora?

C.U.: Creo que debemos seguir el ejemplo de muchos hispanohablantes que nos han abierto el camino en los últimos años. No debemos sentirnos extranjeros, debemos sentirnos como en casa porque Montreal, Quebec o Canadá es ahora nuestra casa. Debemos sentirnos orgullosos de los que hacemos, de nuestra identidad y aportarle a esta sociedad desde lo que somos y lo que sabemos hacer. Todos podemos aportar a la sociedad y a nuestra comunidad desde nuestro campo laboral. Actualmente, hay varios organismos que están trabajando para darle mayor visibilidad al aporte de comunidad hispanohablante o latinoamericana a esta sociedad de acogida. Es importante que nosotros mismos valoremos el trabajo realizado por estos organismos porque es muy importante. Es importante que apoyemos las iniciativas que se proponen para mostrar lo que somos. Ahora, tenemos, por ejemplo, el mes de la herencia latinoamericana y la Casa de las Américas.



G.P.: Otra de sus pasiones son los viajes. ¿Cuántas partes del mundo ha tenido la fortuna de conocer?

C.U.: Más de 25 países.



G.P.: ¿Alguno de sus viajes que la haya marcado de manera especial?

C.U.: Sin duda mi viaje a Benín con mis estudiantes del grupo Marcellines sans frontières.



G.P.: ¿Qué tanto ha cambiado la Montreal que conoció cuando llegó?

C.U.: La presencia el español es mucho más fuerte. Ahora hay más medios de comunicación independientes en español. La ciudad y las afueras se han desarrollado mucho desde que yo llegué en el 2005.



G.P.: Una experiencia inolvidable de su vida en Montreal fue haber sido víctima de un incendio. ¿Qué impresión le dejó esta prueba de vida y cómo logró sobreponerse a ello?


En enero del 2014 vivimos un incendio bastante fuerte del que afortunadamente no salimos heridos, pero perdimos nuestros gatos Théo y Dalí. Lo que más me afectó fue la pérdida de nuestros gatos y darme cuenta de lo vulnerable que es el ser humano. Con el corre corre del día a día, no somos conscientes de que en cualquier momento nos podemos encontrar en x o y situación en la que hemos visto a otras personas. De esta experiencia, me quedó un crecimiento personal importante porque durante los meses que siguieron el incendio tuve muchos momentos de reflexión sobre como la vida nos puede cambiar en cualquier momento. Lo material es algo que viene y va, pero la vida lo es todo. Lo que no significa que lo material no sea bueno, solo me refiero a que no lo es todo en la vida y que tenemos muchas otras cosas que enriquecen nuestra existencia. Y esto no es nada novedoso, pero una cosa es haberlo leído, creer saberlo y otra es experimentarlo a través de una experiencia difícil.

De esta experiencia retuve varias lecciones. La más importante es que “creo” que entendí lo que significa vivir el momento presente. La importancia de vivir cada día de la mejor manera, tratar de no perder el tiempo discutiendo, criticando, juzgando, quejándose o enfocándose más de lo necesario en lo negativo. Esto tampoco es novedoso, pero una cosa es decirlo, otra cosa es vivir siendo consciente de ello. La importancia de la empatía. Emigrar no es fácil y en el proceso de integración es importante enfocarnos en lo que queremos, en nuestras metas… pero igualmente es importante ponerse en los zapatos de los demás, ser sensibles a lo que viven otras personas que sean cercanos o no a nosotros. A veces no nos damos cuenta, pero solo escuchar a alguien, una sonrisa, un pequeño gesto puede hacer toda una diferencia en la vida de otra persona y, sin darnos cuenta, también hace una diferencia en nuestra vida. Finalmente, la gratitud, a veces nos quejamos por lo que no tenemos, por lo que añoramos y que aún no ha llegado. Sin embargo, no nos damos cuenta de lo mucho que tenemos porque no lo valoramos aunque creamos y digamos que sí. Al mismo tiempo que viví lo del incendio, una de mis mejores amigas fue diagnosticada de cáncer de seno y en varias ocasiones hablamos del duelo que cada una estaba viviendo e intercambiamos nuestras reflexiones. Dos años después, mi amiga falleció. Aunque la noticia me tomó por sorpresa y sentí un gran vacío, me di cuenta que lo que había pasado con el incendio me había hecho crecer como persona para aceptar la pérdida, para vivir cada día con un propósito, para no dejarme afectar fácilmente por lo que pasa y que no puedo controlar, para tomar decisiones de manera objetiva dejando de lado las creencias que nos limitan y no nos dejan ver la vida de otra forma. Evidentemente, en este proceso el apoyo de mi esposo y de otras personas, algunas más cercanas que otras, fue muy importante. Tuve muchas demostraciones de cariño y de apoyo que me permitieron reflexionar y ver las cosas de otra forma, desde otro ángulo.



G.P.: ¿Cuál sería la sugerencia que le haría a los que están llegan con planes a futuro?

C.U.: La vida es una secuencia de muchos momentos, experiencias y hay que tener la flexibilidad para asumir los retos, hacerle el quite a las dificultades y seguir disfrutando el camino. Mi mensaje es que uno no debe olvidar por qué está aquí y qué es lo que quiere. También hay que deshacerse de todas esas ideas que nos llevan a ponernos barreras. Muchas veces dejamos de hacer algo por el qué dirán... porque alguien me dijo… la experiencia de cada uno es diferente, uno tiene que saber que es lo que quiere y para dónde va, para no perderse en el camino sobre todo cuando llegan las dificultades. Creo que también es importante ser muy activos en las diferentes esferas de la sociedad.

Desde que llegué aquí me he implicado con diferentes organismos y eso nos ayuda a crear una red de contactos, a tener nuestras experiencias sociales, culturales, nos acercarnos a otras culturas y nos deshacemos de muchos prejuicios porque vemos otras formas de pensar. Finalmente, creo que quienes ya hemos recorrido una parte del camino debemos abrirle las puertas a quienes vienen detrás, debemos apoyarnos.


Cristina Uribe en el Parque Nacional Hautes-Gorges-de-la-Rivière-Malbaie (2005).

Germán Posada es natural de la ciudad de Medellín (Antioquia). Estudió Locución para Radio y Televisión en el Instituto Metropolitano de Educación (I.M.E). 
  
En Medellín colaboró en el programa Buenos Días Antioquia transmitido por la Cadena Colmundo Radio y participó en la animación y programación del programa Mirador Comunitario a través del Sistema Radial K (Armony Records). Ambos bajo la conducción y dirección del Periodista antioqueño Carlos Ariel Espejo Marín (q.e.p.d). 

 

Desde el 2001 reside en la ciudad de Montreal en donde ha participado en la realización y animación de los programas radiales Escuchando América Latina  (CKUT 90.3 FM), Onda Latina (CFMB 1280 am) y La Cantina (CFMB 1280). 
  

 

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