“Con los años me he vuelto menos “cinéfilo”: Julio Luzardo

Updated: Mar 17

Para hablar de la historia y evolución de la industria cinematográfica en Colombia se necesita -sin duda alguna- tener en cuenta los conocimientos, experiencia y análisis del Maestro del Rodaje, Julio Luzardo. En esta entrevista, Julio Luzardo trata de sintetizarnos su recorrido desde sus inicios como director y su análisis de lo que él considera ha sido la evolución del cine en Colombia.

Por Germán Posada

“Me sentí muy bien porque pude decir muchas cosas que no he dicho en mis artículos, ya que me cuido mucho de ser lo más objetivo posible en ellos y muchas veces no reflejan mi opinión personal en muchos asuntos. Aquí te estoy contestando con un bagaje de 55 años encima y una gran claridad sobre lo que estoy opinando”.

Julio Luzardo. Foto: Cinecolombiano.


G.P.: ¿Por qué decidió que el cine iba a ser su profesión? J.L.: Porque no sabía en lo que me estaba metiendo.

G.P.: ¿Su estadía en USA siendo un niño cómo influenció para su camino en el mundo del cine? J.L.: Mi gran interés en el cine fue una decisión tomada desde cuando mi papá estrenó el Teatro Aladino en la Calle 60 con carrera 13 de Chapinero en Bogotá en 1948 y yo tenía escasos 10 años. Me gustaba mucho ver cine y desde entonces decidí que iba a ser director, sin ni siquiera saber qué implicaba eso. Después, al estudiar cine y teatro en el Pasadena Playhouse y en la Universidad de California (UCLA) en Los Angeles, me dejé influenciar por el Hollywood de esa época, por sus estrellas, por el glamour, por el ambiente creativo que se respiraba, por la seriedad de una industria llena de egos inflados, gente falsa e insoportable, pero en el fondo lo que se podría catalogar como “el oficio más bello sobre la tierra”, a pesar de todos sus defectos y vicisitudes. De cierta forma en ese momento en la vida me dejé seducir del “síndrome de la alfombra roja”, tan popular hoy en día.

G.P.: “Tres cuentos colombianos” fue su primer largo metraje. ¿Cuál era su trama? J.L.: Era un largo compuesto de tres cortometrajes de 25 a 30 minutos cada uno. Los dos míos, “Tiempo de Sequía” y “La Sarda”, eran sobre los problemas de una pareja de campesinos que toman drásticas medidas al no tener con qué comer y de un pescador manco que pesca con dinamita en un pueblito de la costa Caribe. Eran dos temas muy parecidos a los que hoy en día llaman nuestros críticos de cine “el nuevo cine colombiano”, ¡pero realizados hace más de 50 años atrás! También por necesidad y escasez de opciones profesionales utilicé “actores naturales”, que los nuevos genios del cine piensan que es un “brillante” descubrimiento de ellos.

G.P.: ¿De estas tres producciones: “El río de las tumbas”, “Una tarde… Un lunes” y “Préstame tu marido” de cual guarda mejores recuerdos? J.L.: Esta siempre es una pregunta muy difícil porque cada producción tiene sus cualidades especiales, pero creo que “El Río de las Tumbas” es la que más satisfacción me ha dado. Fue realizada sin cinco centavos, dependiendo totalmente de la gran colaboración de los involucrados, con un equipo técnico de solamente 6 personas y un pueblo que nos colaboró en todo. Haberla podido hacer y terminar bajo unas condiciones tan precarias fue una hazaña que jamás se ha vuelto a repetir dentro del cine colombiano.

Escena de la película: “El Rio de las Tumbas”


G.P.: En sus inicios usted mismo financiaba sus películas. ¿Difícil encontrar patrocinadores para la época? J.L.: El mayor problema del cine colombiano siempre ha sido encontrar el dinero para hacerlo y eso sigue igual o peor. Ganar en una Convocatoria del FDC es un privilegio reservado para unos pocos, que generalmente siempre son los mismos. En síntesis es como ganarse la lotería. Por eso yo produje mis primeros dos largos gracias al respaldo de unos productores bastante mercantilistas y con fondos propios y cooperativa de actores en las siguientes dos, hasta que decidí en 1973 abandonar el cine y dedicarme a crear una familia, manteniéndome con otros medios al ver el pobre resultado de hacer cine en Colombia. La cruda realidad es que en Colombia no se puede vivir de hacer cine. Y por los altos costos de hoy en día, yo diría que es aún más difícil hoy que ayer. Tarde o temprano uno se revienta.

G.P.: ¿Qué tanto ha cambiado la industria del cine en Colombia desde su época a la actualidad? J.L.: El cambio ha sido total: de la nada a lo que es hoy en día, gracias especialmente a los gigantescos adelantos en tecnología digital. Superficialmente existe una gran infraestructura técnica y humana, las cosas pintan bien y los comentaristas y críticos dicen sin mucho fundamento que este es “el mejor año del cine colombiano”, pero la realidad detrás de la aparente buena fachada es asustadora. Hay exceso de oferta y muy poca demanda laboral dentro del sector. Más películas no quiere decir mejores películas. El documental no colombiano, “Colombia Magia Salvaje”, demostró con cifras espectaculares el tipo de cine que quiere ver el público nacional. Pero aparte de la labor continuada y ejemplar de Dago García y ahora de Fernando Ayllón, que han sabido manejar el cine comercial, el resto del cine depende totalmente de los subsidios gubernamentales de fondos como el de la Ley de Cine 814 o de esfuerzos personales que no llegan a nada debido a la baja taquilla y una distribución injusta de los ingresos de cada boleta. Fuera de los dos casos excepcionales de Dago y Ayllón, la mayoría de las películas colombianas no recuperan ni siquiera el 5% de su inversión. ¿Con esas cifras quién va a invertir en cine colombiano? Es un verdadero desastre que no lo tapa ninguna nominación o premio por importante que sea.

G.P.: ¿Qué le dejó la experiencia que tuvo con la dirección de montajes teatrales? J.L.: El teatro siempre fue mi amor alterno al cine. De hecho, mis primeras experiencias fueron en teatro antes de empezar mis cursos de cine. Al ser mucho más económico y menos riesgoso que el cine, el teatro era el perfecto medio para seguir conectado con actores profesionales, puesta en escena complicados y un mundo inagotable de excelentes obras disponibles, probadas en Nueva York, Londres, Madrid, Paris, etc. Con el teatro pude recibir algunas de mis mayores satisfacciones profesionales como director en obras como “El Cuarto de Verónica” de Ira Levin, “Luv” de Murray Schisgal y la obra más cómica y complicada desde el punto de puesta en escena que existe, “Entretelones”, que remonté tres veces con excelentes resultados. Con el teatro pude confirmar que el respaldo del público espectador es la recompensa más grande que puede recibir una película, una obra teatral o un programa de televisión. En el fondo, el público es el rey indiscutible.

G.P.: ¿Hasta la actualidad Como define La Historia y evolución del Cine Colombiano? J.L.: Desde mi punto de vista el mayor problema que ha tenido el cine colombiano es la falta de continuidad. Cada película se vuelve como si fuera la primera. No aprendemos de nuestros errores ni de los demás. Cada producción nueva es una pequeña isla en un mar lleno de tiburones. En los inicios, cada nueva película era celebrada pomposamente como “la primera película colombiana”, totalmente ignorando los pasos significativos de aquellos pioneros que pusieron los primeros fotogramas. Ahora, con los efímeros premios recibidos este año que pasó, todos consideran que es el “mejor año del cine colombiano”. Sin embargo, en mis 55 años solamente puedo destacar dos momentos que fueron verdaderamente significativos y memorables: el primero fue en la época de María Emma Mejía como gerente de Focine cuando se estaban produciendo docenas y docenas de mediometrajes en 16mm para televisión. Había trabajo para los dos laboratorios de color que existían. Todos los involucrados en el medio; directores, técnicos, escritores, y actores tenían trabajo. La selección no era para solamente unos pocos como hoy en día, sino para absolutamente todos. Fue la primera vez que yo consideré que al fin podíamos soñar en tener una verdadera “industria de cine” en Colombia. Y el segundo momento, durante el “boom” del inicio de la Ley de Cine cuando los primeros seis largometrajes ganadores de estímulos del FDC lograron una taquilla de casi cuatro millones de espectadores con un cine “normal”, de género, sin comedias astracanadas, con excelente calidad técnica y sin necesidad de honores o premios en Festivales. Pude ver el gran cambio de actitud de los exhibidores y distribuidores nacionales al empezar a valor el cine que se estaba haciendo en Colombia y se peleaban las siguientes producciones con ansiedad. Pero, como dicen popularmente, “una golondrina no hace el verano”, y estos momentos se desmoronaron y empezaron a desaparecer velozmente hasta tocar el fondo en el que nos encontramos. Ahora hay una grave crisis de público que nadie quiere reconocer y -como dije antes- ningún premio, así sea el Oscar de Mejor Película Extranjera lo va a cambiar.

G.P.: Hablando de la industria de cine en Colombia, cuando usted dice: “Pienso que el problema de este negocio es la falta del negocio”. ¿A qué se refiere? J.L.: Es muy sencillo. Aunque el cine es claramente un negocio y como cualquier negocio tiene que ser rentable, aquí nadie lo toma por ese lado. El cine no se puede hacer simplemente por “amor al arte”. Es demasiado costoso y demanda mucho tiempo, dedicación y un gran sentido de rigor profesional. Es un negocio “serio” en todo el sentido de la palabra, pero muy pocos lo toman por ese lado, sino por el lado “cheveré” y “bacano”, se la pasan viajando de taller en taller o de festival en festival, con todos los gastos pagados. En realidad, es demasiado fácil hacer cine, especialmente ahora con la tecnología y el apoyo de los fondos y subsidios, pero tremendamente difícil -de pronto, imposible- volverlo un negocio rentable y duradero.

G.P.: ¿Directores de cine extranjeros qué admire? J.L.: Con los años me he vuelto menos “cinéfilo” que cuando estudié cine en Los Angeles y estaba lleno de ganas de verme todo el cine posible. Ya poco me llaman la atención los supuestos “genios” de este medio porque ya no hay nada que verdaderamente me sorprenda o que me parezca “original”, si acaso eso existe hoy en día. En su momento dado, me gustaban las películas de Hitchcock, de Orson Welles, de John Ford y siempre he admirado el trabajo de Roman Polansky, pero hasta ahí va la cosa. Detesto los “blockbusters” de Hollywood, las películas de violencia y acción injustificada. Me gustan las buenas comedias, el thriller, un buen drama, películas de género, cintas que lo “atrapan a uno” por sus temas, realización, y -sobretodo- buenas actuaciones por actores profesionales y le huyo a aquellas que premian en los festivales y que generalmente son lentas, aburridas, pretenciosas y “latosas”.

G.P.: Y ¿de Colombia? J.L.: Nuestra historia ha sido tan inconstante y balbuceante, que prefiero más bien destacar las tres películas colombianas que más me han gustado en los últimos años: “Los Viajes del Viento” de Ciro Guerra, “Bluff” de Felipe Martínez y “Soplo de Vida” de Luis Ospina. También me han gustado en menor escala: “La Cara Oculta” de Andi Baiz, “Sanandresito” de Alessandro Angulo, “La Lectora” de Riccardo Gabrielli, “Todos Se Van” de Sergio Cabrera y “Riverside” de Harold Trompetero. Obviamente, no me he visto todo el cine colombiano porque ni siquiera “pirateado” se consigue en YouTube, pero sí básicamente el cine que obedece a mis gustos personales.

G.P.: ¿Podría mencionar a quien considera será el director(a) colombiano(a) de mayor proyección? J.L.: No hay un claro candidato ya que tocaría definir qué se quiere decir con “proyección”, ya que en cualquier caso Dago García y Fernando Ayllón quedarían en “fuera de Concurso” precisamente porque son los que han demostrado que conocen mejor este negocio que cualquier otro director en el país. Pero mi selección personal va más por el lado de los que yo considero los más profesionales que he conocido en esta nueva étapa del cine colombiano: Riccardo Gabrielli, Andi Baiz, Ciro Guerra, Alessandro Angulo y Spiros Stathoulopoulos. Son los que mejor entienden este medio, tienen la experiencia necesaria, son excelentes profesionales y “no comen cuento”.

G.P.: ENRODAJE es un importante referente de información sobre el cine colombiano. ¿Cómo va actualmente? J.L.: Como usted dice, En Rodaje en su momento dado (1998-2010) fue un importante referente del medio, con visitas mensuales que a veces sobrepasaban la cifra de los 50,000 mensuales y artículos que llegaban a tener más de 70,000 lectores, pero que yo considero que cumplió su ciclo. Hoy en día son más importantes las redes sociales, Facebook, Twitter y los boletines especiales que le llegan a suscriptores a su e-mail personal. La importancia de las páginas web especializadas se ha relegado a un nicho muy pequeño que ya no justifica la inversión en tiempo y dinero y mucho menos una página web propia. En mi caso, En Rodaje se transformó en cinecolombiano.com, que es un nombre más concreto, pero que de pronto lo voy a tener que cancelar por las obvias razones de falta de tiempo y dinero.

G.P.: ¿Qué opina sobre la clasificación de la película colombiana “El Abrazo de la Serpiente” entre las películas extranjeras a participar en la próxima entrega de los Oscares? J.L.: Me parece extraordinario y muy merecido, aunque personalmente me gustó muchísimo más “Los Viajes del Viento”, que es una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Tengo muchas reservas sobre el resultado final de la “Serpiente”, que en mi opinión hubiera tenido un mejor resultado con una edición más lineal, unos 30 minutos de “peluqueada” en el montaje y un final más coherente y con más impacto. Aunque soy consciente de todo el “lado oscuro” que se mueve detrás de los Oscares y el lobby que se necesita para aspirar a la estatuilla dorada, creo que la película tiene muy buenas opciones de ser la ganadora.

“Desde mi punto de vista el mayor problema que ha tenido el cine colombiano es la falta de continuidad. Cada película se vuelve como si fuera la primera. No aprendemos de nuestros errores ni de los demás. Cada producción nueva es una pequeña isla en un mar lleno de tiburones.”

Julio Luzardo.


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Germán Posada es natural de la ciudad de Medellín (Antioquia). Estudió Locución para Radio y Televisión en el Instituto Metropolitano de Educación (I.M.E). 
  
En Medellín colaboró en el programa Buenos Días Antioquia transmitido por la Cadena Colmundo Radio y participó en la animación y programación del programa Mirador Comunitario a través del Sistema Radial K (Armony Records). Ambos bajo la conducción y dirección del Periodista antioqueño Carlos Ariel Espejo Marín (q.e.p.d). 

 

Desde el 2001 reside en la ciudad de Montreal en donde ha participado en la realización y animación de los programas radiales Escuchando América Latina  (CKUT 90.3 FM), Onda Latina (CFMB 1280 am) y La Cantina (CFMB 1280). 
  

 

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